jueves, 11 de agosto de 2016

Francisco Javier Ibarra: “No voy a dejar una Mona Lisa”

Francisco Javier Ibarra.
(Foto cortesía Abaco Art Gallery & Store)
La primera impresión que ofrece Francisco Javier Ibarra a su interlocutor es que se está ante la presencia de un emprendedor, en el sentido estricto de la palabra. Por fortuna, también es un artista. Nada más inicia la conversación, enumera sus proyectos —a ejecutarse o en ejecución—: un video sobre Emerio Darío Lunar, la edición de tres libros propios, la organización de la gira Periplo Ilustrado, la exposición Color Vital, junto a César Rondón Arriaga (quien retoma su labor como pintor), actualmente en el Club Italo; y hasta la propuesta de creación del Museo de Arte Contemporáneo de Cabimas.

«Yo veo arte en todos lados», dice. «Veo exposiciones con músicos, fotógrafos, pintores, todos integrados, acá en Cabimas. Necesitamosvolver a nosotros, reivindicarnos con la naturaleza humana y nuestra ciudad».

Francisco nació en este municipio petrolero en 1976, aunque su origen familiar tiene una historia muy particular: «Pertenezco a la cuarta generación de los Ibarra. Mi bisabuelo vino de Siria con sus hermanos, en la búsqueda de una vida mejor. Sin embargo, fueron perseguidos al poco tiempo de su arribo por circunstancias de la época, que aún no tengo claras; ellos huyeron al monte y luego se separaron. Un guardia ayudó a mi bisabuelo y él, en su honor, se rebautizó como Francisco José Ibarra. Él le pondría a su primer hijo Francisco Manuel y este llamaría a mi padre Francisco Antonio, quien para seguir la tradición introdujo una ligera variante: me llamó Francisco Javier y a mi hermano Francisco Alejandro».

El Rincón del Compositor. Obra de Francisco Ibarra.
Fotografía cortesía Abaco Art Gallery & Store
Con estudios primarios en Cabimas, el bachillerato lo cursó en el liceo Andrés Bello, en Lagunillas, donde su padre fue director encargado, debido a la ausencia temporal del titular y de la subdirectora.

Yo pinto desde niño, desde que tengo uso de razón. La pintura siempre fue una alternativa de distracción, un hobby, y sí, una necesidad de crear algo.

A la muerte repentina y a destiempo de su progenitor en 1994 —falleció de un infarto cuando apenas tenía 43 años de edad—, Francisco Javier trató de mantenerse en pie, como se esperaba de quien es el mayor de tres hermanos. Sin embargo, en algún momento esa aparente fortaleza se quebró y se sintió perdido. «Cuando creí que no podía hacer nada, comprendí que debía buscar algo que me sacara de ese estado. Entonces me volqué de nuevo en la pintura».

Recuerda que compró tres tejas, una lata de chimó y plasmó una de esas escenas con casitas de los Andes. Una semana después, las hormigas habían devorado sus obras. Más tarde, tomó unas latas de pintura sobrante en su casa, preparó unos lienzos e hizo uno de sus primeros cuadros. «A mis amigos les gustaban e incluso me pedían que se los vendiera, claro, muy económicos, pero por lo menos me permitió seguir comprando materiales para continuar con mi labor».

Detrás del Huerto, de la muestra
Color Vital actualmente exhibida
en el Club Italo en Cabimas.
 Francisco se inscribió en la carrera de Gerencia Industrial en la Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt (UNERMB), en Cabimas. A los 22 años, mientras cursaba sus estudios universitarios, trabajaba además como mesero en un café restaurant en Maracaibo, que a la vez era galería de arte. «Allí aprendí a servir mesas, a llevar una bandeja llena de vasos y tazas, a preparar más de 40 tipos 
de café…aprendí a ser yo mismo».

La idea que tenía de combinar estudios y trabajo no funcionó, principalmente porque su atención se orientaba hacia otros intereses. La carrera la abandonó en el séptimo semestre, como igual hizo con Contaduría en el cuarto semestre. Ya había participado en dos exposiciones: Euforia y Fortalezas, ambas en 1998 en Cabimas. En 1999 montaría Un poco de Calor, en Maracaibo; y en el 2000 presentaría Estudio de las flores y un amor en cautiverio, en el mismo café restaurant donde laboraba. Allí mostraría también las creaciones de Síndrome de Capricornio (Elemento Agua), una serie que años más tarde retomaría con nuevas muestras en Atlanta y Barcelona.

Espejismo No. 5. Obra de Francisco Ibarra.
Fotografía cortesía Abaco Art Gallery & Store
Para sorpresa de muchos, este prolífico artista cabimense acumula más de 30 exposiciones, entre individuales y colectivas, tanto en nuestro país como en el exterior, incluida su participación en el marco del Forum Barcelona 2004, en España. La historia de cómo llegó su obra a este escenario internacional es digna de una telenovela. Baste decir que sin dinero ni pasaporte, mucho menos conexiones en el extranjero, en plena resaca del paro cívico petrolero del 2002/2003, cuando todas las circunstancias apuntaban al fracaso de unas aspiraciones dentro de las cuales el arte había pasado a un segundo plano, el destino tornó las “casualidades” en “causalidades” y le permitió estar presente en uno de los espacios culturales más importantes de principios de este siglo. De allí que él afirme convencido: «Yo creo en las infinitas posibilidades» y todas estas experiencias las ha recogido en un libro con el mismo nombre, actualmente en edición.

Dominical 9-55. Serie Las Memorias del Aire.
Fotografía cortesía Abaco Art Gallery & Store
Durante dos semanas —que se extendieron a dos meses—, Ibarra pudo compartir con 258 artistas de todo el mundo, gracias al apoyo recibido por una galería independiente que tenía un espacio dentro de las actividades del Forum. En el marco de ese evento, presentó Síndrome de Capricornio (Elemento Fuego), en Barcelona, Mataró, Catalunya, Badalona y otras localidades ibéricas. Luego expondría Petal de Roca (Catalunya, 2004), Naturaleza Gótica (Barcelona, 2004) y tres colectivas en Mónaco (2004), Toulousse, Francia (2004) e Ibiza, España (2004).

Del 2004 al 2009 estuve viajando periódicamente a España. En 2007 presenté Las Fábulas de Cuervococo en varias ciudades de España y en el Boulevard Voltaire, en París. Ese año también abrí Própera Parada (Barcelona) y Próxima Parada (Cabimas y Oranjestad, Aruba).

Mayo Crepuscular. Fotografía cortesía cortesía Abaco Art Gallery & Store
Durante los dos últimos años, Ibarra ha contribuido con la organización de las muestras Las Memorias del Aire (individual), Yo soy de aquí (colectiva de artistas plásticos cabimenses) y la ya mencionada Color Vital, con César Rondón. Además, apoyó para la presentación de la individual Al otro lado del puente, del fotógrafo Miguel Ángel González, convirtiendo espacios no convencionales en áreas expositivas.

Una de las particularidades de su obra es el uso atrevido del color, especialmente en esta etapa de su vida creativa. Los elementos figurativos asoman desde el lienzo, a veces fragmentados, con trazos irregulares, aunque perfectamente definidos. En ocasiones la síntesis pictórica lleva a la simbología y raya en el abstraccionismo, algo que él considera como el próximo paso a seguir. «Me gusta que se vean trazos de carboncillo del dibujo que da origen a mis cuadros. Eso que para muchos es un defecto, para mí es un atractivo», agrega.

En pleno proceso artístico. Fotografía cortesía
cortesía Abaco Art  Gallery & Store
Confiesa que en este momento, la planificación se ha convertido en una particularidad dentro de su trabajo artístico. Aún antes de iniciar cada serie, sabe cuántas obras va a incluir, la dimensión de cada una de ellas, la paleta de colores definida con exactitud matemática. Cada uno de los lienzos resultantes, incluso, guarda una historia: «Creo que debe haber un lenguaje adicional en la pintura, a través de la expresión creativa. Y sí, es cierto, hay un lenguaje oculto en mis obras, está ahí. Puedo decir que literalmente escribo con el pincel, aunque no es una característica especial».

Según él, cuando pinta ejecuta pinceladas de determinada manera que prácticamente se convierten en una escritura propia, reflejada en los trazos sobre el soporte elegido.

Ibarra no oculta su interés en las opiniones que los espectadores expresan acerca de sus pinturas: «A la gente le incomoda mucho ver una obra y no poder entenderla. Siempre trata de definir lo que está en los cuatro márgenes de los cuadros y en ocasiones esa apreciación coincide con lo que yo quiero decir, en otras no y eso me llama la atención. Lo que ellos ven y dicen que yo hice».
Pajarraco No. 4. Obra de Francisco Ibarra.
Fotografía cortesia Abaco Art Gallery & Store
La acogida de su producción artística ha sido buena: «A las personas le gusta lo que hago y yo aprovecho eso para proyectar mi trabajo». Su identificación con su público le ha conducido a diseñar estrategias que faciliten llevar sus creaciones a cualquier lugar del mundo. De allí nació lo que él llamó Arte Portable (Portátil tal vez sería la palabra más adecuada), formatos dispuestos para su fácil traslado y ubicación en los sitios más convenientes.

En los actuales momentos se encuentra afinando los detalles de su próxima gira llamada Periplo Ilustrado, la cual combinará diversas experiencias artísticas y lúdicas con los espectadores... hasta compartir un café.

No oculta su admiración por el artista coterráneo Emerio Darío Lunar, uno de los que considera como su inspiración: «Lunar hizo en su obra un punto de partida, sin saberlo o sabiéndolo, del Arte en Venezuela». Más allá de la aparente personalidad extravagante de Lunar, hay una historia que Ibarra desea contar junto a un grupo de colaboradores: «El Niño Lunar combina una historia ficticia con la historia de Cabimas y Emerio Darío de fondo. Quiero llevar un mensaje espiritual, que creo necesario en estos momentos para que haya una comunión entre tanta intransigencia y el Arte».

Esa motivación inspira también el proyecto para la creación del Museo de Arte Contemporáneo de Cabimas, que buscará reforzar nuestro sentido de pertenencia «y nada mejor que empezar por la parte más sensible, que es la cultura».

Las Memorias del Aire, libro actualmente en proceso de edición.
Fotografía cortesía cortesía Abaco Art Gallery & Store
El próximo lanzamiento de tres publicaciones le mantiene a la expectativa: Las Memorias del Aire, que reseña los últimos 15 años de su trayectoria, incluyendo anécdotas, el origen de los conceptos y las obras que le llevaron a realizar la muestra homónima; Las Mujeres de mi Vida, texto autobiográfico; y el poemario Pequeñas Anécdotas de la Cafetería.

Además, maneja su proyecto más personal: Abaco Art Gallery & Store, en Ciudad Ojeda y quizá próximamente en Cabimas, el cual hasta el año pasado funcionó también como una academia de arte para los más pequeños.

Proyecto, proyectos y más proyectos: ¿No es mucho para una sola persona?

Mueve la cabeza de derecha a izquierda, con un mohín de despreocupación: «No, no… Tengo una energía, que es la misma que tú tienes, y yo trato de enfocarla, en buscar gente con mis mismas inquietudes, en liderar iniciativas, buscar apoyos; mientras otros pierden esa energía en criticar sin desarrollar su potencial, yo me concentro en hacer cosas, en ocasiones simultáneas…y resultan».

Francisco recuerda su visita al Museo del Louvre, donde tuvo la oportunidad de admirar —como todos— la obra maestra de Leonardo Da Vinci. Sin embargo, lejos de sentirse fascinado por la pintura en sí, le inquietó el tumulto generado alrededor de la famosa modelo: las personas con sus cámaras y celulares, arremolinados para “ver” el famoso cuadro, sin detenerse siquiera a apreciar las otras maravillas que le acompañan en la misma sala del museo. «Nadie ve lo que la Mona Lisa ve», comenta divertido. «Yo no voy a dejar una Mona Lisa, pero estoy seguro de que el trabajo que quiero consolidar puede tener trascendencia para nosotros».

Baby, Lil, Bill & King Oliver's Creole Jazz Band. Fotografía cortesía Abaco Art Gallery & Store

2 comentarios:

  1. No conocía a este artista, pero claro, con lo que uno no conoce se urde llenar un 747...

    Juan Bravo

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  2. Se puede, se puede. Cosas del autorcorrector

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