domingo, 12 de febrero de 2012

Veteranas del Oscar®

«Mi madre hizo una distinción entre el logro y el éxito.
Dijo que el logro es el conocimiento que usted ha estudiado,
por el que ha trabajado duro y ha hecho lo mejor que hay en sí mismo.
El éxito es estar siendo alabado por otros, y eso es bueno, también,
pero no es tan importante o satisfactorio.
Siempre apunte al logro y olvídese del éxito» 
Helen Hayes
Helen Hayes
La afirmación corresponde a alguien para quien el éxito nunca le fue esquivo: la legendaria actriz de cine y teatro, Helen Hayes, una de las pocas que ha sido merecedora de los premios Emmy, Grammy, Oscar® y Tony. En 1970, con siete décadas en su haber, era premiada con el Oscar® por su interpretación como la anciana osada e imprudente que se colaba en un avión en la cinta Aeropuerto, en la cual tal vez lo único recordable sea su presencia. Sin embargo, Hayes no era ninguna recién llegada en estas ceremonias: ya había recibido un premio de la Academia como Mejor Actriz por El pecado de Madelon Claudet, en 1931.

Hayes con la estatuilla
ganada en 1931
Con una trayectoria envidiable en el teatro, su llegada a la tercera edad le permitiría un resurgimiento entre las nuevas generaciones de cinéfilos por sus siempre simpáticas, inteligentes y entrometidas ancianas —tuvo la responsabilidad de interpretar en la pantalla grande a la legendaria Miss Marple, personaje emblemático de Agatha Christie—. En 1966 diría en el Show de Roy Newquist: «Cada ser humano en esta tierra nace con una tragedia, y no es el pecado original. Ha nacido con la tragedia de que tiene que crecer. Tiene que dejar el nido, la seguridad, y salir a dar la batalla. Tiene que perder todo lo que es precioso y luchar por una nueva belleza de su propia creación, y es una tragedia. Una gran cantidad de personas no tienen el coraje de hacerlo».
La orgullosa Miss Daisy
Ciertamente, en la ruta hacia el Oscar®, otras actrices debieron dar fuertes batallas y acumular mucho kilometraje antes de ser distinguidas por la Academia de las Ciencias y Artes Cinematográficas estadounidense. La reina de todas fue sin duda Jessica Tandy, quien en 1989 se convirtió en el actor o actriz de más edad en ganar ese galardón, por encima de otro gran veterano, George Burns. El rol que la hizo merecedora de la distinción fue en Conduciendo a Miss Daissy (Driving Miss Daisy), como una arrogante y testaruda anciana sureña y judía, que mantiene una entrañable relación con su chofer negro, interpretado por Morgan Freeman.

En Tomates verdes fritos
Tandy era de nacionalidad británica, nacida en 1909, pero su carrera la desarrolló en Estados Unidos de Norteamérica, tanto en teatro, televisión y cine. Fue la primera Blanche DuBois de la obra Un tranvía llamado deseo, en 1948, papel que le valió un premio Tony. Sin embargo, este rol le sería asignado en la gran pantalla a otra gran actriz británica, Vivien Leigh, quien venía de protagonizar el montaje orquestado por su marido, Laurence Olivier, en Inglaterra y que sería escogida por el director Elia Kazan por ser un rostro más conocido en Hollywood.

A pesar de que había incursionado en el cine en los años 40, se focalizó principalmente en el teatro, con eventuales papeles en películas tan conocidas como Los Pájaros, de Hitchcock, en 1963. En contra de cualquier pronóstico, Tandy retomó exitosamente su carrera cinematográfica en los años 80, en las cintas El mundo según Garp (1982), Las bostonianas (1984) y Cocoon (1985). Luego de recibir el Oscar® en 1989, fue nuevamente nominada como Mejor Actriz de Reparto por su participación en esa pequeña joya fílmica llamada Tomates verdes fritos (1991). Aún alcanzaría a interpretar tres películas más, entre ellas Camilla (1994). Murió de cáncer, a los 85 años, el 11 de septiembre de 1994.


Otra destacada actriz y escritora reconocida con el Oscar® a edad avanzada fue Ruth Gordon. El éxito no le fue desconocido en su trayectoria como guionista, junto a su marido Garson Kanin, como autores de las historias plasmadas en La Costilla de Adán (1949) y Pat y Mike (1952). En parte la relación fílmica entre los personajes que encarnaban Hepburn y Tracy en esos filmes era el reflejo de su propio matrimonio. Sin embargo, para obtener premios a sus actuaciones debió esperar hasta la década de los 60, cuando fue nominada en 1966 y ganó un Globo de Oro a la Mejor Actriz Secundaria por su papel en La rebelde (Inside Daisy Clover), protagonizada por Natalie Wood y Robert Redford.


El rol como la entrometida y diabólica vecina de Mia Farrow en El Bebé de Rosemary (1968) le valdría el Oscar® a Mejor Actriz de Reparto a la edad de 72 años. Hay que admirarla en el acto de premiación, cuando con un vestido que no recibiría ninguna buena crítica de la patrulla de la moda liderada por Joan Rivers, se levantaría de su asiento y ascendería ligera al escenario para proyectar su diminuta figura de 1.55 metros de forma impactante. Dos años más tarde, en 1971, sería nominada nuevamente por su papel de Maude en el clásico Harold and Maude, junto a Bud Cort como el apocado adolescente suicida que cambia su visión del mundo cuando se encuentra con ella. El 28 de agosto de 1985 un accidente cerebrovascular acabaría con su vida, a los 88 años de edad.


Otras actrices que recibieron el Oscar® en su ancianidad fueron Peggy Ashcroft, quien tenía 77 años cuando recibió el premio como Mejor Actriz de Reparto por su papel en Pasaje a la India (1984); y Margaret Rutherford, una excelente actriz de carácter que a sus casi 72 años fue reconocida también como actriz de reparto en los VIP (1963). Más veteranía acumularon Gloria Stuart, nominada por su participación como la anciana Rose en Titanic (1997) cuando contaba con 87 años; Ruby Dee, con 83 años, por su participación en American Gangster (2007); la mencionada Tandy, con casi 83 años, por Tomates Verdes Fritos; y Eva Le Gallienne, con 82 años, por su rol en Resurrección (1980).


Oscar® enmienda la plana


El Oscar® Honorario fue creado para premiar circunstancias particulares que, según la Academia, no se podían recompensar con los trofeos habituales. En la práctica, devino en un reconocimiento tardío para grandes figuras que nunca fueron tomadas en cuenta al momento de entregar la estatuilla, como Greta Garbo, Cary Grant, Orson Welles, entre muchos otros. Lillian Gish, pionera y estrella del cine mudo, recibió a sus 77 años uno en esta categoría en 1970, igual que la montadora Maggie Booth en 1977, ambas por su trayectoria profesional.


Mayor parafernalia recibió la distinción a otra leyenda del cine americano: Mary Pickford. Ella, quien fue premiada como Mejor Actriz en 1930 por su actuación en Coqueta (1929), había sido acusada en esa época, tal vez injustamente, de ganar mediante el uso de su influencia y de su prestigio en la industria para un premio que no merecía. Supuestamente Pickford habría hecho lobby fuertemente, invitando a los jueces a tomar el té en su mansión Pickfair. Sin embargo, su actuación en esa cinta fue bien recibida tanto por la crítica como por el público.


Mary se convirtió en una sensible intérprete de adolescentes, aún en su edad adulta, lo cual le había ganado el apodo de La Novia de América. Pero también fue una hábil mujer de negocios y un pilar fundamental en la industria fílmica estadounidense: de hecho, fue una de las tres mujeres fundadoras de la Academia y cofundadora de la productora independiente United Artists. No fue de extrañar, entonces, que en 1976, esta dama menuda recibiera un premio honorífico por su trayectoria a los 84 años. Para entregarle la estatuilla, se hizo un segmento especial, que mostraba la elegancia y lujo de su vivienda. Luego, Mary, ataviada con gran elegancia, visiblemente emocionada y aún con el candor de sus personajes en el rostro, recibía el premio e intercambiaría algunas palabras con su interlocutor.


Otra que siempre se mereció un premio y que tuvo que esperar hasta los 74 años para recibirlo fue Bárbara Stanwyck. Sus interpretaciones en Stella Dallas (1937); Bola de fuego (1941), junto a Gary Cooper; Perdición (1944), con Fred McMurray; y Número equivocado (1948) le valieron cuatro nominaciones, pero nunca logró llevárselo a casa. En la ceremonia correspondiente a 1977, Stanwyck y su querido amigo William Holden presentaron juntos el renglón al Mejor Sonido. En esa oportunidad, Holden comentó: “Hace exactamente 39 años Bárbara y yo estábamos trabajando juntos en Golden Boy. No me estaba yendo nada bien y me pensaban reemplazar. Pero debido a este hermoso ser humano que está a mi lado y a su interés, comprensión, estímulo e integridad profesional, estoy aquí esta noche”. Bárbara se emocionó hasta las lágrimas y ambos se abrazaron. En 1981, esta excepcional intérprete recibió un Premio Honorario. Holden había fallecido meses antes y John Travolta, quien actuó como presentador, trajo a colación la anécdota. Luego de recordar que había tratado de ganarlo varias veces, pero nunca lo había conseguido, Bárbara cerró su discurso emotivamente en recuerdo de su amigo: «Yo lo quería entrañablemente y lo extraño. Siempre quiso que me diesen un Oscar®». Levantó la estatuilla con los ojos llenos de lágrimas y concluyó: «Así que esta noche, mi muchacho dorado, se ha cumplido tu deseo».


En marzo de 1991, otra legendaria diva del cine se convertía en la artista femenina más anciana en recibir este galardón. Sirena de alto vuelo en cintas de gangster y dramas, fina comediante en la década de los 30, madura intérprete en películas como Llegaron las lluvias y Los mejores años de nuestra vida, Myrna Loy contaba con 85 años y 207 días cuando la Academia, que le había ignorado durante tantos años, decidió recompensarla por su trayectoria profesional. La noche de la gala, Angélica Houston sirvió de anfitriona, recordó su brillante carrera y, luego, anunció un enlace directo con el apartamento de la actriz en Nueva York: La cámara captaba a la agasajada frente al monitor de televisión disfrutando de la ceremonia en vivo. En un ligero acercamiento, se detuvo un momento ante ella, quien elegantemente ataviada y aún hermosa, quebró la expectativa de su intervención para pronunciar uno de los más breves discursos de agradecimiento que he oido: “Me han hecho muy feliz. Muchas gracias». Aplausos del público y de vuelta al teatro.


Tres veteranas más serían merecedoras de este premio: Sofía Loren (1991), a sus 57 años; Deborah Kerr (1994), a los 74 años; y Lauren Bacall (2009) a los 85 años.





Tatum O´Neal inició su carrera cinematográfica en Hollywood de la mano de su padre, Ryan O´Neal, en la cinta Luna de Papel (1973). Sorprendentemente y contra todo pronóstico, la debutante ganó un premio Oscar® como mejor actriz de reparto y se convirtió en la persona más joven en ganar esta estatuilla. Casi 40 años más tarde, ¿quién recuerda otra película relevante de Tatum O´Neal? Los hechos parecieran dar la razón a la veterana Hayes: Procuren el logro y olvídense del éxito.

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