sábado, 18 de febrero de 2012

Imágenes del paraíso

“Las postales son imágenes de la fascinación, del deseo del querer aquello que no tienes y que sólo podrás acceder a él una vez cada cierto tiempo…son imágenes del paraíso.”
Carmelo Vega
Profesor de Historia del Arte Contemporáneo
Universidad de La Laguna, Tenerife, España

Una de las grandes víctimas del avance de las nuevas tecnologías ha sido la tarjeta postal. Es una lástima, porque a través de estas coloridas cartulinas, la imaginación humana ha encontrado alas para conocer el mundo, revivir experiencias o solo disfrutarlas. Para mí han sido un pasatiempo que me ha procurado muchas horas de satisfacción. A través de mi colección he viajado mucho más de lo que hubiese podido con mis limitados recursos, pero también siempre han sido la promesa de algo que ocurrirá en algún momento de mi vida futura.

Según algunos historiadores, la idea de las postales surgió del británico Henry Cole, quien cansado de escribir felicitaciones a mano, encargó su diseño a su amigo, el pintor e ilustrador londinense John Calcott Horsley (1808-1882). La impresión de las primeras postales se hizo así en 1843, pero hubo que esperar hasta la década de 1860, cuando los avances de la impresión en color bajaron el costo, para que se hicieran populares entre el público en general.

La Edad de Oro de la tarjeta postal se ubicó entre 1900 y 1914, periodo en el que se convirtió en el medio de comunicación más popular y en el cual obtuvo mayores ventas. Coincidió con importantes cambios en la normativa de correos de muchos países. Por ejemplo, en aquella época se obligaba a los usuarios a escribir sus mensajes en el frente de la postal, muchas veces sobre la ilustración, reservando el anverso para el nombre, dirección del destinatario y los timbres. En Gran Bretaña, para dedicar más espacio al mensaje, se propuso dividir mediante una línea el anverso de la postal en dos partes, reservándose el lado izquierdo para la escritura y el derecho para la dirección. De esta manera, la ilustración de la postal no se dañaba, apreciándose mejor al ocupar todo el espacio. Esta medida fue recogida en 1905 por la Unión Postal Universal y generalizada poco a poco en todos los países.

Álbum abierto al destino

A pesar de la amenaza que representan en la actualidad las llamadas postales virtuales, todavía se mantienen coleccionistas, clubes y asociaciones cartófilas, revistas y exposiciones de la postal en cartulina. El auge del turismo, la publicidad y el apoyo de la industria impresora, son factores importantes para ello.

En una interesante entrevista a Carmelo Vega, profesor Titular de Historia del Arte Contemporáneo en la Universidad de La Laguna, en Tenerife, España, publicada en el portal ASHOTEL, este señala que la postal es un formato y un soporte cuya función, más allá de ser enviada, es la afirmación del acto mismo de estar de vacaciones, disfrutando del ocio, en una condición excepcional. “Me interesa y sorprende que se sigan editando postales y que continúen siendo, en mayor o menor medida, algo rentable ya que podía haber desaparecido como otros productos turísticos que están en desuso; es curioso e interesante que no se hayan extinguido con el boom de las postales digitales.”

Afirma que “antes, la postal tenía una función romántica, que pertenecía al pasado, un pasado idealizado del viaje, era una afirmación del ser y del estar turístico. Hoy apenas se escribe cuando se está de viaje; ahora nos llamamos por el móvil nada más llegar para decir que estamos bien.” Por eso, concluye que hoy se compra para recordar el lugar en el que hemos estado de vacaciones, como un souvenir más.

Otra afirmación interesante del profesor Vega es que las postales son una especie de guía del turista, una orientación en imágenes de los lugares turísticos: “A través de las postales sabemos lo que hay que visitar y hacer, qué tienes que comer, el ruido, el sonido del lugar, la música, el folclore...Son como un álbum abierto“. Aclara que la postal adquiere la visión de que el mundo tiene que estar catalogado, de que el universo son lugares, que cada uno de ellos tiene una imagen de identidad perfectamente representable y en ese sentido, la incorporación de la fotografía ha contribuido a dar imágenes estereotipadas de dichos lugares.

Por supuesto, como todo en la vida, hay recomendaciones para enviar postales. En la página protocolo.org, se mencionan algunas normas, de las cuales podemos resumir las siguientes:

SER ORIGINAL:Elija una alguna imagen representativa del lugar donde se encuentra. No tiene que ser la típica postal del monumento representativo de la ciudad, pero sí alguna original de un barrio de la ciudad, de un monumento poco conocido, etc.

SER BREVE Y CONCISO: Una tarjeta postal admite poco texto.

HUIR DE LOS CLICHÉS EN SUS MENSAJES.

NI TANTO NI MUY POCO: Aunque el espacio es pequeño, no redacte su texto tipo telegrama. Incluya alguna anécdota o adelante algo que contará cuando llegue. Y no olvide firmar la postal.

ENVIARLAS EN SOBRES: así se preserva la intimidad del mensaje que contienen.

ENVÍARLAS CON TIEMPO: Si va estar poco tiempo, envíelas en los dos primeros días para que llegue a tiempo. Si la estancia va a ser prolongada, puede hacerlo a la mitad de su estancia.

Me atrae la afirmación de que las postales son imágenes del paraíso. No de uno, diría yo, sino de muchos, largamente esperados y únicamente conocidos a través de esos pedazos de cartulina viajeros.



Las postales pertenecen a la colección personal del autor de este blog. Fuentes consultadas: Blog Historia Filatélica y revista Muy interesante

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