sábado, 12 de mayo de 2018

Altagracia Sarmiento: Sueños rotos en la Gran Manzana

Altagracia Sarmiento. Fuente: Salvador Santorsola
Su belleza era innegable, pero ciertamente no del tipo común en la década de los 80. De esa época la recuerdo, con unos enormes ojos aterciopelados y esa voz dulce, algo ronca, de perfecta modulación. Para aquel momento, Altagracia Sarmiento se había convertido en una de las prometedoras damitas jóvenes de Venezolana de Televisión, con una buena proyección dentro de los espacios dramáticos de esa planta transmisora. Sin embargo, se encontraba muy lejos del alto perfil de sus “rivales” de entonces, estrellas como Elluz Peraza, Amanda Gutiérrez o Blanca Faillace,  junto a otras destacadas actrices como Rebeca González y Alejandra Pinedo, quienes reinaban en el canal del Estado, el cual se convirtió en su hogar profesional durante dos décadas.

Elvira Altagracia Sarmiento Solórzano nació en Altagracia de Orituco, estado Guárico, el 11 de octubre de 1952. Era hija de Jorge Sarmiento y Lilia Solórzano, ambos de origen ecuatoriano. Su hermano Jorge, nacido en 1954, posteriormente se convertiría en  arquitecto; y  Daniel, nacido en 1963, es músico y baterista de la reconocida banda de rock nacional Desorden Público.

Altagracia y Carlos Mata, en Catatumbo
 (1978). Fuente: Fan Club Italia de  Carlos
Mata,
grupo en Facebook.
Pese a lo que muchos imaginan, su carrera en el mundo del espectáculo no se inició a través de la actuación, sino como integrante del grupo infantil Los Hermanos Sarmiento, que irrumpió en la escena musical local con moderado éxito en 1965. Su debut en la televisión se produjo en 1968 y es en la pequeña pantalla y la radio donde Altagracia desarrolló una amplia carrera artística, que abarcó tres décadas.

Fuente: Diario Últimas Noticias  (1980)
En Venezolana de Televisión, donde ingresó desde los tiempos en que era la Corporación Venezolana de Televisión (CVTV), trabajó durante 21 años en carácter de actriz, animadora y productora. Allí participó en diversas producciones dramáticas, entre ellas Un día de octubre (1978), con Elio Rubens; Catatumbo (1978), emparejada junto a Carlos Mata; Ídolos rotos (1979), junto a Daniel Alvarado; y Tirano Banderas, miniserie basada en la obra de Valle Inclán, junto al gran actor Orángel Delfín.

En la década de los 80, Altagracia logró diversificar su imagen profesional como animadora, locutora y actriz. En esta última faceta intervino en dos producciones destacadas del canal: encarnó a Soledad, una de las hijas de la protagonista (Ana Castell) en la telenovela de 60 capítulos El mundo de Berta (1980),  escrita por Salvador Garmendia; y también tuvo una participación especial en El Hombre de Hierro (1980), protagonizada por Rebeca González y Javier Vidal.

Cuando Guillermito González emigró de RCTV hacia Venezolana de Televisión, Altagracia se incorporó a varios proyectos que adelantó el destacado animador. A partir de 1986 integró al jurado del segmento ¿Cuánto vale el Show? en El Show de Fantástico. En el video se aprecia su participación junto a Carlos Almenar Otero y Denny Rodríguez “La Malandra Elizabeth” durante uno de los programas grabados en 1987:

                                                                   Fuente: canal YouTube Aov1 Interactive

Ese mismo año, Guillermito retomó su faceta de actor y desarrolló el concepto de miniserie infantil con la producción Crecer con papá: allí interpretó a un padre viudo que debe vivir muchas peripecias enriquecedoras  junto a su hija, Rossana Termini. Altagracia formaría parte del elenco de esta recordada producción del antiguo canal del Estado.

En el video, una promoción del programa Crecer con papá, en 1987:

Fuente: canal YouTube Alexi I. Parra Cardozo

En esa ajetreada década para ella, condujo el espacio radial Imagen de radio junto Amaury José Díaz; y en el cine asumió un rol secundario en la película Con el corazón en la mano, de Mauricio Wallerstein, protagonizada por María Conchita Alonso y Daniel Alvarado, en 1988.

Como era evidente, Altagracia era una profesional del espectáculo de alta versatilidad y rendimiento. Se había formado para ello de manera concienzuda. Dentro del área artística, estudió teatro, canto, dicción, ballet, danza, arte dramático, animación y locución. Sin embargo, esa hermosa joven de dulce voz también había abierto sus horizontes hacia otros campos: era licenciada en Estudios Políticos e Internacionales egresada de la Universidad Central de Venezuela, así como perfectamente bilingüe español/inglés. Dominaba además el italiano y un poco de francés.

Todo este bagaje cultural le permitió ampliar su desempeño profesional en el área de espacios de entretenimiento, ya como  animadora de espectáculos realizados por el Sindicato de la Radio y Televisión, ya como conductora de la Lotería de Caracas o de musicales del canal 8 junto con la productora Rosalía Romero. También tuvo oportunidad de moderar programas de variedades, como Venezuela y punto.

Altagracia junto a Daniel Alvarado en una
de las producciones dramáticas de VTV
En su vida personal, estuvo casada con Teófilo Domingo Rodríguez y su matrimonio se disolvió sin dejar descendencia.

Pese a su destacada trayectoria, en 1995 su larga relación laboral con VTV tuvo un fin inesperado, al ser despedida por los directivos de la planta. Lejos de amilanarse, decidió partir a Estados Unidos donde se residenció para emprender una nueva vida. Sin embargo, como muchas veces sucede en la vida real en los momentos de altas expectativas personales, el destino le hizo una mala jugada. El miércoles 1 de marzo de 1995, en horas de la tarde, Altagracia murió en un aparatoso accidente automovilístico ocurrido en Nueva York, del cual no se tuvo mayores detalles. Tenía 42 años y un montón de proyectos por emprender.

Altagracia, un adiós inesperado
Se esperaba que el cadáver llegara entre viernes y sábado de esa semana a Venezuela, pero los trámites se complicaron, a fin de cumplir con los requisitos para su traslado. Una semana luego del fatal accidente, sus restos aún no habían recibido cristiana sepultura.

El lunes 6 de marzo su cuerpo arribó al país en el vuelo 903 de American Airlines en horas de la noche. Fue trasladado a la Funeraria Vallés, en Caracas, y el sepelio ocurrió a las 3:00 de la tarde del martes 7 de marzo de 1995, en el cementerio de La Guairita. Su deceso fue altamente lamentado por sus compañeros de gremio y sobre todo por su público que aún hoy la recuerda con afecto.

Fuentes consultadas:
Diario Panorama, 07/03/1995, p.3-8
Diario Panorama, 03/03/1995, p.3-8

sábado, 7 de abril de 2018

Hace 35 años: I Salón de Pintura Lagoven COL

Manuel Luzardo, ganador del primer premio del I Salón Lagoven
recibe su distinción de manos de Aldo Boccardo, gerente de la
División de Occidente de la filial de PDVSA.
Entre noviembre y diciembre de 1982 se celebró el I Salón de Pintura Lagoven Costa Oriental del Lago en Cabimas, iniciativa que a juicio del crítico de arte Juan Calzadilla, tenía el mérito de ser “la única ciudad de esta parte de Venezuela donde existe un salón que tenga este aspecto participativo”.

Se refería Calzadilla a la apertura a la comunidad de un salón de arte con mucha tradición dentro de esta filial de Petróleos de Venezuela, pero que en el pasado había sido restringido solo a sus trabajadores y familiares. El primero se había realizado en 1978 y el segundo, del 30 de noviembre al 7 de diciembre de 1979 en las instalaciones del Lago La Salina Club. Con 14 años, participé en este con dos obras producto del atrevimiento de un adolescente con ínfulas de artista:Amor de madre y La eterna coqueta. A pesar de no obtener ningún reconocimiento, tuve la satisfacción de que uno de los asistentes se interesara en una de esas pinturas, aunque nunca se concretara la venta.




Para 1982, el Salón Lagoven entraba en una etapa de mayor consolidación y, atendiendo a un requerimiento de residentes de la zona, la invitación se extendió a todos los artistas de la Costa Oriental del Lago. Contó con dos jurados, los cuales se encargaron de escoger los trabajos que concursaron y de otorgar los cuatro premios concedidos. El primero estuvo integrado por Pierre Carezis, superintendente de Servicios Eléctricos de Lagoven; Clarita de Pool y el pintor Pedro Piña. El segundo contó con el crítico de arte Juan Calzadilla; Enrique Romero, director del Museo Municipal de Maracaibo;  y de Vicente Alcázar, pintor e ilustrador español radicado en Maracaibo.

El público se hizo presente en la inauguración del evento.
En la inauguración del evento, realizada en el Instituto Municipal de la Cultura de Cabimas, Calzadilla mencionaba que el jurado decidió abarcar con la premiación los aspectos más sobresalientes de este salón: la búsqueda de lo auténtico, de la identidad en función de un elemento de formación popular que, a su vez, ha logrado en el país una presencia que dice mucho de la visualidad del artista venezolano.

A su juicio, Cabimas era una ciudad que contaba con una producción artística popular de gran nivel y era lógico que gran parte de estos premios tuviesen que ser dirigidos hacia ese aspecto de la creatividad. Sin embargo, mencionaba que el aporte de esta ciudad petrolera no se iba a restringir exclusivamente, como se podría pensar, al aspecto popular, ya que observaba entre los nuevos valores una tendencia hacia los aspectos más profesionales en la elaboración de la pintura. Aseguraba que eso fue lo imprevisto de este salón, ya que reflejaba la búsqueda de una línea formativa que podía ser el resultado de las nuevas escuelas de arte creadas en la región.

Las distinciones concedidas esa noche fueron las siguientes:

• Primer Premio a la obra Composición en gris, de Manuel Luzardo. Este joven, radicado en Los Puertos de Altagracia, cursaba en esos momentos estudios en la Escuela de Artes Plásticas Neptalí Rincón, en Maracaibo. La obra ganadora, según el jurado, tenía “una excelente calidad impresionista además de lograr un buen equilibrio entre los elementos y una soltura en el manejo de los grises y sus degradaciones”.









• Segundo premio a Pintura de mis recuerdos, de Blanco Aparicio, artista popular reconocido por sus escenas de la Cabimas del ayer.










• Tercer premio al cuadro Vía Los Cocos-Santa Rita, de Numa Barboza.







• Cuarto premio a Cine Principal, de Luis Sánchez.

Blanco Aparicio junto a su obra "Pintura de mis recuerdos"
Además se otorgaron menciones honoríficas a Paolino Seifo, por la obra Bodegón con zapatilla, en la que mostraba su pericia en el manejo del dibujo y las técnicas académicas clásicas; a Margarita Soto, la reconocida artista popular por su trabajo titulado San Benito en el Gasplant; y a Enrique Colina, arquitecto y para la época un joven valor emergente de la pintura por su Proyecto de Cultura para Cabimas o Maracaibo.


El jurado recomendó en esa ocasión que en futuras ediciones se aceptaran dos obras por participante, a fin de tener más elementos de juicio al momento de valorar el trabajo autoral. Además, otorgó un voto de estímulo a Lagoven por la apertura de este Salón a la comunidad de la Costa Oriental, una experiencia que luego se extendería a todo el Zulia cuando en 1994 este importante encuentro artístico evolucionó al I Salón Lagoven de Artes Visuales, con sede en el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez (CAM-LB), en Maracaibo, abierto a otras expresiones como la escultura, instalaciones y fotografía. La cuarta y última edición se efectuaría en 1997.

En la esquina inferior izquierda puede observarse la obra de
Emerio Darío Lunar participante en el Salón 
Como nota curiosa, Emerio Darío Lunar —quien siempre fue reacio a este tipo de concursos— participó como artista invitado en el I Salón Lagoven COL, con una colorida obra titulada El Buen Samaritano, en la cual un burro con una cruz colgada del cuello posaba en un salón de paredes y columnas azules, piso de mosaicos amarillos y rojos, así como una cortina de encaje en el lado izquierdo. A pesar de la sátira implícita, el autor no causó el revuelo que creyó podría provocar un tema como el planteado.



Fuente: Rodríguez, Pedro (1983). I Salón de Pintura Lagoven Costa Oriental del Lago: El arte de la comunidad marcó la diferencia.  Revista Nosotros, enero 1983, p. 25.  

domingo, 24 de septiembre de 2017

Juan Iturbide: obrero y caballero del arte

Juan Iturbide: caballero ante todo. Fuente: revista
Venezuela Gráfica, 1977. 
Si hubo un actor que hacía gala de elegancia y buen vestir en la televisión venezolana, ese fue Juan Iturbide, aunque su refinamiento a veces le hacía lucir algo afectado. Hoy casi olvidado por las nuevas generaciones, el otrora galán no dudó en afirmar un día: “Si acaso tengo alguna dosis de talento que me ha sido concedido por un Poder Superior a la condición humana, ese talento lo he supeditado por más de 25 años con todo corazón e intención, honestidad y profesionalismo, sin renunciar a esfuerzo ni sacrificio alguno, al servicio de ese gran y muy querido público para el cual trabajo”.

Reconocido por su versatilidad, además de por su educada voz forjada en el teatro y la radio, Juan Iturbide nació el 15 de septiembre de 1933 con el nombre de Juan Rodríguez Hernández. Hijo de María Teodolinda Hernández, nativa de Ciudad Bolívar;  y de Juan Rodríguez González, oriundo de San Fernando de Apure, su alumbramiento se dio por casualidad en la población de El Sombrero, estado Guárico, en uno de los viajes de regreso de la capital donde su padre tenía sus negocios.

A los dos años su familia se residenció definitivamente en Caracas, capital venezolana en la que permaneció sus primeros años de infancia, disfrutando de las travesuras propias de su edad, junto a su única hermana, Gladys.

Una sonrisa traviesa.
Fuente: revista Venezuela
Gráfica
, 1977.
Juan y su hermana Gladys.
Fuente: revista Venezuela
Gráfica, 1977.
Sus estudios primarios los cursó en la Escuela Experimental Venezuela. En esa época, quien fuera un niño travieso se convirtió en un ser tímido, más interesado por las actividades creativas y artísticas que en los estudios formales. A tal punto llegó su retraimiento que un día ganó un premio por la escenografía de una obra teatral en la escuela y no se atrevió a presentarse para recibirlo.

Al llegar la adolescencia, Juan se había transformado en un joven apuesto que estudiaba bachillerato en el liceo Andrés Bello. Un día le presentaron a una compañera por teléfono y luego de una conversación muy afable, esta le confió: “Qué bonita voz tienes, ¿eres locutor?”. Según él, ese fue el disparador para que unido a sus inquietudes artísticas infantiles, viajara a Nueva York, Estados Unidos, a explorar opciones de formación en esa área.

Juan en su época de adolescente. Fuente: revista
Venezuela Gráfica, 1977.
Allí lavó platos en restaurantes para mantenerse y asistió como oyente a la National Dramatic Arts School, en la que aseguró que había aprendido mucho, a pesar de no dominar el inglés. En la Gran Manzana residió casi dos años y de regreso a Venezuela, se inscribió en el grupo de teatro del Ateneo de Caracas, donde se convirtió en discípulo de Horacio Peterson y Juana Sujo, con quienes hizo su papel como debutante en la obra María Lionza, de Ida Gramcko.

En un estudio radial.
Fuente: revista
Venezuela Gráfica, 1977.
Aquella llamada telefónica que despertó sus ansias de desarrollar una carrera artística, le llevó además a incursionar en la radiodifusión. En este medio laboró en Radio Cultura y junto a Raúl Amundaray, Franklin Vallenilla y Argenis López fue fortaleciendo sus habilidades histriónicas y de locución.

Juan vislumbró las amplias posibilidades que tenía para desarrollar su carrera en paralelo, tanto en radio como en televisión. Su esfuerzo rindió frutos. En la primera trabajó con Ana Mercedes Escámez y Graciela López, pioneras en la actuación radial. También protagonizó con Carmen Julia Álvarez obras clásicas versionadas para las ondas hertzianas, tales como Cumbres Borrascosas y Ana Karenina. Asimismo dirigió el seriado Tamakún, con Armando Palacios como Alí Yabor.


Rebeca Iturbide
Sus primeros pasos en la pequeña pantalla los dio en Televisa, en un espacio dramático. Es en ese momento cuando adopta el nombre artístico de Juan Iturbide, en homenaje a la actriz de la Época de Oro del cine mexicano Rebeca Iturbide, por quien profesaba gran admiración.

Luego de un pequeño papel en Televisa, fue llamado por Radio Caracas Televisión para una prueba de pantalla, la cual aprobó sin problemas. Contratado para ese canal, intervino en producciones dramáticas que al principio resaltaron sus dotes de galán. Poco a poco le fueron otorgando papeles de mayor responsabilidad hasta alcanzar los roles estelares. También logró la posibilidad de fungir como animador.

Teñido de rubio, junto a Amalia Pérez Díaz en Las mujeres
también perdieron la guerra
. Fuente: revista Venezuela Gráfica, 1977.
Bajo las órdenes de José Antonio Ferrara, en Televisa, actuó en las obras Dios se lo pague; Arsénico y encaje, junto a Daniel Farías; Todos eran mis hijos, con Eva Moreno y Paul Antillano; y Las mujeres también perdieron la guerra, de Curzio Malaparte, en la cual debió cambiar el color natural de su cabello a rubio para interpretar a un soldado alemán. “Tenía mucho complejo por teñir mi pelo, lo que me ponía muy nervioso ante la cámara, pero poco a poco fui entrando en el papel y tuve buenas críticas”, comentó en una entrevista para la revista Venezuela Gráfica en 1977.

A la par de su trabajo en los canales comerciales, Juan se desempeñó como actor en producciones de calidad en la Televisora Nacional canal 5. Tal fue el caso de su participación en Otelo, de William Shakespeare, protagonizado por Fernando Gómez. También intervino en el espacio La Novela Venezolana, en el que actuó en La casa de los Ábila, de José Rafael Pocaterra; y Cumboto, de Ramón Díaz Sánchez, “donde me pintaron de negro y me quemaron el cuero cabelludo rizándome el pelo muchas veces para interpretar al personaje Natividad”, recordaba el actor.

Fiesta, con Alfrado Sadel, Adilia Castillo y Pedro
Vargas. Fuente: revista Venezuela Gráfica, 1977.
Las posibilidades se ampliaban para Juan y se convirtió en el animador del programa Fiesta, en Venevisión, en el cual tuvo como invitados especiales a estrellas de la talla de Olga Guillot, Pedro Vargas, Libertad Lamarque, Berta Dupuy, además de importantes cantantes venezolanos como Adilia Castillo y Alfredo Sadel.

Una iniciativa excepcional desarrollada en canal 5 fue lo que se llamó Teatro de Extras, según la idea del periodista Oswaldo Hernández para proporcionar una oportunidad a aquellos talentos desconocidos que quisieran ingresar a la TV. El objetivo era hacer una escuela de actores y presentarlos en televisión. Para concretarlo, consiguieron el permiso de Televisora Nacional y Juan se dirigió a las pocas escuelas de teatro existentes para comenzar a formar un grupo de alumnos, creando los repartos de acuerdo al tipo de cada uno de los actores y de los personajes.

Teatro de extras, una experiencia extraordinaria. Fuente: revista
Venezuela Gráfica, 1977.
“En ese grupo recuerdo haber visto a Alexander Milic, Levy Rossell, Leyda Torrealba, Juan Manuel Laguardia, Carlos Subero, Ibrahim Guerra y otros que no alcanzo a recordar”, comentaba Juan en 1977. “Debido a este programa me dediqué a adaptar y a escribir libretos, además de dirigir artísticamente el espectáculo, mientras que Oswaldo me asesoraba. Tengo recuerdos positivos de aquellas obras que se hacían de memoria, con solo una semana previa al reparto de libretos y ensayos. Por esto me cabe la satisfacción de decir que nunca tuvimos que cortar una grabación o repetir un videotape.

Teatro de extras se transmitió durante dos años y aunque no podían pagarle un sueldo a los noveles actores, él estipulaba del suyo una cifra mensual para quien más destacara en su trabajo, porque “la ambición de estos jóvenes era la de ingresar como actores estables en la televisión, cosa que hasta entonces habían considerado un imposible”.

Galán actor. Fuente: revista
Venezuela Gráfica, 1977.
Cuando se creó la Corporación Venezolana de Televisión (CVTV) canal 8, en 1964, Juan se incorporó al elenco pionero de esa planta. En sus inicios, animó el Show de Aldemaro Romero, junto a Carmen Victoria Pérez. También se desempeñó como actor regular junto a Josefina Rovira. En Pasiones Humanas, fue secundado por el actor argentino Luis Sandrini, quien no dudó en ceder el crédito principal a Iturbide, a pesar de su negativa, argumentándole que para él era mucho más importante el trabajo que ambos iban a hacer que la colocación de créditos.

Al respecto, Juan señaló en una entrevista (Venezuela Gráfica, 31/07/1977): “Por eso es que, precisamente, no me ha preocupado mucho eso del cartel. Yo solo aspiro que mi público acepte lo que he hecho año tras año, y ha sabido premiar con su admiración y su cariño mi trabajo. Tal vez todo esto se deba a que quiero mucho a la gente sin distingo de tipo o clase y, sin apasionamientos ideológicos de ningún tipo. Cuando debo desempeñar un papel, estoy consciente de mi responsabilidad ante la masa y me doy por entero, sin reserva de ninguna clase”.

Juan y Mario Moreno.
Fuente: Crónicas de Tánatos.
El actor tuvo ocasión de estar al lado de los grandes, como Luis Sandrini y Cantinflas, a quien acompañó cuando vino por primera vez a Caracas para la inauguración del canal 8. También conoció en su juventud a Vivien Leigh, la legendaria Scarlet O´hara de Lo que el viento se llevó, actriz a quien admiraba mucho.

En el rodaje de Dies Irae (1965).
 Fuente: revista Venezuela Gráfica, 1977.
En el cine participó en la cinta Días de ira (Dies Irae, 1965), dirigida por José Martín. Allí intervinieron Sonia Glen, Amalia Pérez Díaz, Enrique Benshimol, Carmen Antillano, Ninón Racca, Hermelinda Alvarado, Aurora Mendoza, Betty Ruth, Olga Castillo, Ivonne Attas, Isabel Padilla y José Luis Silva. De este film comentó: “a pesar de la poca promoción que tuvo en el país, fue considerada por la crítica europea como la “Viridiana” venezolana. Su éxito en Europa le valió varios premios cinematográficos a esta cinta”.

En las telenovelas tuvo papeles destacados en El Amo (1971, CVTV), donde fuera contrafigura de Manolo Coego; Enamorada (CVTV), en el que hizo de villano, un rol por el que se destacó en varias oportunidades; El secreto de Adrián, que protagonizó junto a Cecilia Villarreal (CVTV); pero su rol de Ramiro “Papito” en Raquel (RCTV, 1973) le granjeó gran popularidad.

Cecilia Villarreal y Juan, pareja estelar.
Fuente: revista Venezuela Gráfica, 1977.
En esa época, Juan residía en La California Norte y se encontraba aún actuando en dicha telenovela cuando en la madrugada del 24 de noviembre de 1974 tuvo un grave accidente automovilístico, en el cual estuvo a punto de perder la vida.

De acuerdo con las noticias de prensa, el actor se desplazaba en un carro placas LO-41-36 a la altura de lo que se conoce como El Ciempiés, en la autopista del Este; allí perdió el dominio del vehículo y se estrelló contra una valla. Según el diario El Nacional, él se había quedado dormido sobre el volante de su auto.

El Papito al borde de la muerte.
Fuente: diario Panorama.
Iturbide iba acompañado por un joven de 22 años de edad, quien resultó con una lesión en la región frontal que requirió tres puntos de sutura. Sin embargo, el actor de 41 años llevó la peor parte, al sufrir la fractura de cinco costillas del lado izquierdo, contusiones y fuertes traumatismos generalizados. Atendido en primera instancia en el Hospital Pérez Carreño, dado su delicado estado de salud fue trasladado al Hospital Militar, donde fue operado de emergencia.

“Gracias al cuerpo médico de esa institución, que me atendió durante mis cinco meses de reclusión, logré salvar la vida. Recuerdo que el día de la intervención quirúrgica a la que me sometieron, cuando me desperté de la anestesia me llevé la impresión más grande de mi vida, porque me vi rodeado  de una cantidad de personas que intentaban entrar en mi habitación desde el pasillo del hospital. Ya se había corrido la voz, entre los internos y el personal de guardia que el “Papito” había sufrido un terrible accidente y la gente corrió, tratando de ver al personaje, que cada noche observaba por televisión”, recordaba tres años después.

Capítulo de Raquel (12/11/1974), en el cual se ve a Juan Iturbide interpretando a Ramiro "El Papito" poco antes del accidente. Fuente:canal Youtube Nostalgia TV

Aún no totalmente recuperado, regresó a los estudios de televisión y siguió haciendo su papel en la telenovela. Durante una escena violenta que debía hacer junto a Oscar Martínez, cayó sobre un decorado que tuvo que sostener durante el transcurso de la acción para que no le cayera encima toda la escenografía. “Como consecuencia de esta situación, tuve que regresar al hospital y ser operado sin anestesia, teniendo que soportar un drenaje de tres días, sin poder comer ni dormir, porque una de las costillas, aún no soldadas, me había perforado la pleura”.

Lila Morillo y Juan Iturbide
en Cuartos separados. Fuente:
revista Venezuela Gráfica, 1977.
En su vida personal, Juan era una persona educada y afable, pero también muy reservado. Actrices como Rebeca González, Marisela Berti y Mirna Rodríguez valoraban sus especiales condiciones humanas. Sin embargo, él reconocía ser implacable consigo mismo: “Como actor nunca podré sentirme realizado, ya que el actor nunca termina de aprender y cada vez que veo uno de mis trabajos, gracias a la maravilla del Video-Tape, pienso que puedo hacerlo mejor. Jamás me perdono nada a mí mismo. Soy mi peor crítico, pero tengo la conciencia de saber que siempre que puedo trabajar para mi público, que sin saberlo admiro y respeto, le entregaré lo mejor que mi capacidad, mi sinceridad y mi honestidad puedan brindar. Considero que soy un actor porque cada papel que se me impone, sea de protagonista, de segunda o de tercera, con o sin cartel, trataré de hacerlo bien”.

Fuente: revista Venezuela Gráfica, 1977.
Públicamente, nunca se le conoció pareja —femenina o masculina—. En una entrevista de finales de los 70, Juan reconoció que el gran amor de su vida era su madre: “Actualmente tengo una novia que ocupa todos mis pensamientos y capacidad afectiva, ya que es ahora en su enfermedad, cuando más me necesita. Ella es una tierna viejecita, mi madre”.

Su relación con los medios periodísticos no estuvo exenta de tensiones. En un Remitido dirigido a la opinión pública con fecha 18 de junio de 1979 y difundido a través del diario El Nacional (21/06/1979, sección D, p.9), Iturbide se vio obligado a hacer una aclaratoria pública debido a un supuesto hecho que comprometía su prestigio personal y profesional. En él hacía mención de un reportaje publicado la semana anterior en una revista, en el cual se aseveraba que él había cometido un acto bochornoso en la Ciudad Vacacional de Los Caracas. Según la historia referenciada por el actor, supuestamente había sido sacado a punta de pistola de un baño de un establecimiento comercial por funcionarios de la Guardia Nacional, en compañía de otra persona en estado de embriaguez. Se señalaba además que el actor había regresado e insultado a dos personas sentadas en una de las mesas del sitio.

Fuente: diario El Nacional, 1979.
Su respuesta fue contundente: “Jamás me he considerado verdaderamente importante, ni me he dado tampoco demasiada importancia; no me he sentido nunca dominado por sentimientos ególatras ni vanidosos que suelen adjudicarse al grupo de trabajadores de la escena, ya que creo ser un obrero del arte […] He sido condecorado por el Estado con la Orden Andrés Bello por intermedio de uno de sus primeros magistrados, lo cual colmó mi más íntima satisfacción y rebasó los límites de mi modestia. Releyendo cada frase y cada palabra del artículo en cuestión publicado en dicha revista la semana pasada, se palpa la virulencia y un ensañamiento tan pustulento, producto de un odio o motivos que considero de carácter inconfesables que, sinceramente, a pesar de los méritos que yo pueda tener, no me creo con la altura suficiente para merecerlo”.

Fuente: revista Venezuela Gráfica, 1977.
Señalaba que había acudido al Destacamento No. 56 de la Guardia Nacional en Los Caracas a verificar si había algún registro de los hechos que mencionaba la publicación, pero el comandante de dicha instalación, luego de interrogar a los funcionarios, constató la total falsedad de dichas acusaciones. Igual concurrió a la Fuente de Soda Los Frailes, de cuyo dueño obtuvo una carta en la cual se le absolvía de participación alguna en hechos bochornosos como a los que se aludían. Concluía el actor el Remitido haciendo un llamado al presidente del Colegio Nacional de Periodistas y a su Tribunal Disciplinario, así como al público en general, para que consideraran los hechos expuestos y juzgaran en concordancia.

Dos años antes, en la sección Vida de Estrellas, publicado por la revista Venezuela Gráfica (31/07/1977), Juan recordaba una anécdota peculiar con un representante de la prensa: “Un periodista me preguntó porqué no había recibido premios. Le contesté que no sabía, pero, tenía el consuelo de que ni Charles Chaplin ni Greta Garbo habían recibido reconocimientos siendo figuras importantes en el mundo del cine”. Al periodista le pareció pedante su respuesta y terminó allí mismo la entrevista. “Yo la verdad es que me quedé sorprendido por su actitud, ya que solo intentaba hacer un chiste de la situación”. Tal vez esas circunstancias tan peculiares expliquen la razón por la que su presencia en los medios informativos de la época fuese tan escasa.

Rosario Prieto, Juan Iturbide y Rebeca González, en la telenovela Stella. Fuente: página de Facebook Televisión y Cine
en retrospectiva
.
Juan y Rebeca en Stella. Fuente: página de Facebook Televisión
y Cine en retrospectiva
.
Después de su segunda etapa en RCTV, Juan volvió a Venezolana de Televisión, la antigua CVTV que ahora se había convertido en televisora del Estado. Se incorporó a importantes dramáticos de la planta de finales de los 70 y durante los años 80, entre ellos Ana Isabel, una niña decente y Stella (1977), junto a Rebeca González; Documento Leonardo Ruíz Pineda (unitario, 1985), protagonizado por Orángel Delfín; Las Marquesitas, en el cual hizo pareja protagónica con María Cristina Lozada, Belén Díaz y Rodolfo Drago. Sus roles cada vez se alejaban del protagonista para convertirse en un actor de carácter.

Juan en su madurez. Fuente: Andrei
Shkarin.
Hubo un tiempo en que poco se supo de él. Años más tarde, reapareció en lo que sería su última actuación en televisión: Bellísima (Venevisión, 1992), donde interpretó a Federico Linares, padre de Víctor Cámara. Se veía ciertamente avejentado, pero mantenía su dicción impecable y su elegancia característica, aquella apostura que tantos suspiros arrancara en su juventud.

Juan Iturbide falleció a principios de la década de los 90; algunos ubican la fecha en 1992 y otros en 1994, pero esta aún no ha podido ser confirmada.

Fuentes consultadas:

Gravemente lesionado Juan Iturbide. Diario Panorama, 25/11/1974, última página

Lesionado en un choque el actor de TV Juan Iturbide. Diario El Nacional, 25/11/1974, sección D, pág. 20.

Remitido de Juan Iturbide a la opinión pública. Diario El Nacional, 21/06/1979, sección D, pág.9.

Gutiérrez, Julio. “Juan Iturbide: de niño tímido a primer actor”. Revista Venezuela Farándula No. XXX, 31/07/1977. Sección Vida de Estrellas. 

Especial agradecimiento a la periodista Zaida Campos y al archivo del Grupo Últimas Noticias por el apoyo brindado. También a Andrei Shkarin, del grupo de Facebook Televisión y Cine en Retrospectiva por los datos aportados.


lunes, 11 de septiembre de 2017

1967: Marina y Bardina brillan con "Lucecita"

La leyenda rosa encarnada por la pareja Marina Baura - Jose Bardina
tuvo su punto máximo en Lucecita.
En 1967 los medios de comunicación social venezolanos anunciaban el estreno de Lucecita en el canal 4. Este melodrama había sido de las primeras radionovelas escritas por Delia Fiallo, quien había logrado con ella gran receptividad en la radio cubana. Cuando tocó el turno de llevar adaptaciones de estas producciones radiales para la televisión de ese país caribeño, Delia no dudó en seleccionarla por su probado éxito.

Al profundizarse las medidas implementadas por el gobierno de Fidel Castro en la isla, la autora cubana salió al exilio en 1966 y estableció su residencia en Miami, Estados Unidos. Al año siguiente se presentó la oportunidad de iniciar una relación profesional con los Cisneros a través de su canal Venevisión. ¿Cuál de sus guiones propuso llevar a la pantalla? Por supuesto, Lucecita, en una adaptación a cargo de la escritora venezolana Ligia Lezama, quien regresaba a la TV después de un receso. Ella se encargaría de aumentar algunas escenas y ajustar el libreto a la audiencia criolla.

Eva Moreno
Ese año, la televisión nacional exhibió producciones dramáticas de gran impacto. Durante el mes de julio, el canal de la competencia —Radio Caracas Televisión, RCTV— había comenzado a grabar en videotape los primeros capítulos de La Tirana, la obra de Manuel Muñoz Rico que marcó el retorno de Eva Moreno al medio televisivo, con el galán Edmundo Arias. Entre el reparto se encontraban Amalia Pérez Díaz, José Jordá y Rafael Cabrera. Reaparecía Eduardo Serrano, para la época un joven actor prometedor, mientras que Bárbara Teyde hacía su primera actuación en el staff de Bárcenas. La Tirana se estrenó a partir del mes de agosto, meses después de Lucecita, en horario de 9:00 de la noche.

Sin tener rival en su horario de 6:00 pm, Lucecita fue transmitida de lunes a viernes para reforzar el bloque vespertino de dramáticos; antecedía a La pasión de los débiles primero y, al terminar esta, a La otra. Inserta dentro de la tradición romántica del melodrama rosa —muchacha inocente del campo viaja a la ciudad y trabaja como sirvienta en casa del joven rico; allí es víctima de la(s) maldad(es) de la(s) villana(s) y luego de muchas vicisitudes, descubre que ella también es rica y alcanza el amor—, significó una gran oportunidad para muchos de los que intervinieron en su realización. De hecho, se convirtió en el lanzamiento de una nueva pareja protagónica para el canal: Marina Baura y José Bardina, quienes a partir de entonces lograron una posición estelar.

El elenco reunía a destacadas figuras de la actuación, entre las cuales se encontraban Carmen Antillano, como la abuela aristócrata; María Luisa Rico como la altiva Graciela; Leonardo Oliva, como el amargado y sufrido Álvaro; José Oliva como Miguel, el hombre apegado a los convencionalismos sociales; Esperanza Magaz como la humanitaria Modesta; María Isabel Alba como la graciosa Fefa; y la reaparición de Néstor Zavarce como actor. La dirección estuvo a cargo de Tito Borbollo y Juan Lamata, un director que estuvo al lado de la Baura en varias de sus telenovelas más conocidas y a quien ella profesó un afecto especial.

En ese momento, Marina era considerada como “una actriz que se destacaba notablemente y una de las más talentosas del medio”. Su verdadero nombre era Julia Pérez y había nacido el 1º de noviembre de 1941 en Santa María Madre, un pueblo de Galicia, España. Al poco tiempo su familia se mudó a Celanova, donde transcurriría su infancia y adolescencia. A los 14 años de edad debieron emigrar a Latinoamérica; fue así como se radicó junto a sus padres y su hermano Jesús en Venezuela.

Marina Baura: Color de Oro.
A pesar de su timidez, decidió ingresar al medio artístico a principios de los años 60, primero como modelo. En esa faceta destacaría en varios comerciales, especialmente en una publicidad de la Cerveza Caracas, en la que se le calificaba como “Color de Oro”, asociando su rubia cabellera a uno de los atributos de esta bebida.

En esa etapa, la inexperta Julia exhibía tanto sus atractivas cualidades físicas como un talento aún sin pulir para la interpretación. Consciente de la necesidad de desarrollar sus habilidades histriónicas, estudió arte dramático con el reconocido actor y director Paul Antillano en la academia Carmen Antillano. «Realmente lo que me gustaba era la actuación. Como modelo yo era muy mala», señaló en una ocasión.

Fuente: diario Panorama.
Estaba decidida a lograr destacar en el medio artístico venezolano y, por ello, no perdió oportunidad para entrenarse y mostrar su talento ante el público, aunque significara pequeñas apariciones. Así, logró hacer de extra en El Casino de la Alegría, bailó durante un mes en El Show de Renny y logró su primer trabajo como actriz en la serie Casos y cosas de casa, con América Alonso y Jorge Félix, donde  interpretó a una mucama que le provocaba celos a la Alonso. «Tenía que decir 'Sí, señor', 'No, señora' y me temblaba todo», comentó la actriz en una entrevista para la revista Todo en Domingo. También haría un pequeño personaje llamado Karuka en El Escuadrón Tacamajaca, un programa en vivo con Chuchín Marcano; e intervendría en La Quinta de Simón, junto a Simón Díaz.

Ya había incursionado en el cine, donde hasta 1967 había participado en cuatro películas. En 1962 intervino como extra en una breve escena junto a Ada Riera en la película Acosada, protagonizada por Libertad Leblanc y Néstor Zavarce. La primera en la que tuvo un rol de mayor importancia fue en Cuentos para mayores (1962), específicamente en el capítulo denominado La falsa oficina del supernumerario, junto a Rafael Briceño. Esta aparición representó su debut de la mano de Román Chalbaud, quien le sugirió cambiar su nombre real —el cual consideraba anodino— por el de Marina Baura. A esa le siguió una pequeña aparición en El raspado o Aventuras de un sinvergüenza (1964), dirigida por René Cardona Jr.; y luego un rol secundario en Yo, el Gobernador (Cardona Jr., 1965), junto a Joselo y José Jordá.

Marina Baura, de 19 años; y Ada Riera, de 14 años: dos extras de lujo en el film Acosada (1962).
Fuente: canal YouTube de Paúl Salazar Rivas.

En esta entrevista para la serie Archivo de la Palabra, de la Biblioteca Nacional, Marina cuenta cómo nace su nombre artístico:


Escena de la tercera historia de Cuentos para mayores: La falsa oficina del supernumerario, con Simón Díaz,
Rafael Briceño y Marina Baura. Fuente: canal YouTube de  Héctor Acosta Rojas

Amelia Román y Marina Baura en Madres
Solteras
(1966). Fuente: Getty Images.
Fotografía: Joseph Fabry
Sin embargo, su mayor logro se produjo al ser seleccionada como Yolanda, la hermana de la protagonista, en Madres solteras, con Amelia Román y Jorge Félix. A su juicio, «este trabajo me emocionó mucho porque era la primera vez que me daban un papel importante. Después de eso vino Lucecita…».

La actriz recordó en una entrevista que cuando le propusieron hacer la prueba para estelarizar Lucecita, no pensó lograrlo. A pesar de ello, accedió a cortarse el cabello, teñírselo de color oscuro y probar suerte. En ese momento, Marina se acababa de casar con el periodista Felo Jiménez y pensaba retirarse, «pero me ofrecieron ese papel y lo acepté. Por lo general, el público que ve telenovelas es sencillo, busca un mensaje bonito de amor o de mentiras y engaños, pero no algo complicado porque la idea no es complicar la vida del ama de casa», agregó.

José Bardina, todo un galán.
Para José Bardina, Madres solteras igualmente había sido un paso importante en su carrera. Como Marina, él también era de origen español, nacido el 27 de marzo de 1939 en Barcelona. Había estudiado hasta el tercer curso de bachillerato y también algo de contabilidad, pero en 1958 lo abandonó todo para concentrarse en su formación como actor en la Escuela Juana Sujo, en Caracas.

El escenario teatral se convirtió en el lugar de sus inicios como intérprete y en 1961 dio el salto a la televisión al ser contratado por  RCTV. Luego de varios roles menores, en 1965 encarnó a un célebre personaje de ficción conocido como El Halcón, que le granjeó las simpatías del público. Su transición hacia las telenovelas a través de Madres solteras fue fundamental para su proyección como galán y el logro de la estabilidad en su profesión. Lucecita fue el segundo escalón de lo que a futuro se convertiría en una fructífera carrera.

Ivonne Attas personificando a Angelina.
Fuente: diario Panorama, 1967.
En este teledrama destacaba además Ivonne Attas como la mala de la historia. En el diario Panorama (1967) se alababa la labor desplegada por ella y se la describía como una actriz que “siempre cumplió en los trabajos que a lo largo de su carrera le fueron encomendados”. De igual manera, destacaban su participación en Madres solteras, donde desempeñó un papel noble y humano que le valió el reconocimiento general del público, pero a juicio del periódico, ella estaba a la espera de su gran oportunidad de brillar y esta llegó en el rol de villana en Lucecita.

Su personaje de Angelina era “...de extraordinaria fuerza, de diversas transiciones, muy temperamental, lleno de amargura y frustraciones, inclinado al egoísmo y a la farsa“. Según el redactor de la nota periodística, ella lograba un insuperable trabajo artístico, pues el personaje fue aceptado y estudiado por Ivonne, “quien juega con él, lo conduce con propiedad y conocimiento…En un diálogo o un monólogo la vemos pasar de un estado apático a uno eufórico, de una bondad extrema a una inusitada violencia y para hacer esto frente a una cámara de TV, se necesita ser primero actriz y después también actriz”.

Ivonne Attas, un ángel perverso.
Lo que más cautivaba de esta interpretación era la diferencia entre el rol que le había tocado asumir en la ficción y su comportamiento en la vida real, pues Ivonne era considerada una dama de modales finos, de distinguida prestancia y de una bien acusada personalidad. En 2012, la actriz de origen sirio —nació en Damasco el 2 de agosto de 1943—recordaba los inicios de su relación profesional con la Baura:

«Mi relación con Marina empieza hace muchos años en un canal de televisión, con una telenovela que se hizo famosa en el mundo entero, porque ha sido grabada con diferentes títulos en otros países. Se trata de Lucecita, de la extraordinaria escritora de telenovelas, Delia Fiallo. Al éxito de esta novela siguieron otras de la misma autora, donde tuvimos el agrado de trabajar juntas, como lo fue La Señorita Elena. Por supuesto, allí también nos peleábamos ambas por el galán de moda de esa época, José Bardina. Cada una en su rol, ella de buena y sufrida, y yo de villana, donde estuve encasillada durante muchos años gracias a que Delia siempre escribió para mí estos personajes que me hicieron famosa …». (La TV en el banquillo, 26 de marzo de 2012)

José Oliva. Fuente: Panorama, 1967.
José Oliva, calificado por los medios como un actor recio, de gran personalidad y magnífica dicción, obtenía en esta novela una vitrina para exhibir sus cualidades histriónicas. En la columna “Tips”, de Ebert J. Lira (Panorama, 1967), se indicaba que Oliva se había retirado de la televisión donde años atrás “brindara tan buenos trabajos de actor en 'Domingos a las nueve' por el canal 2. Venevisión pensó en él para un personaje central en Lucecita y los días han demostrado su calidad interpretativa, su seguridad escénica que le permite bordar un papel bastante difícil y que requiere un gran trabajo encarnando a Miguel, personaje que le ha puesto de nuevo en primer plano de popularidad”.

La pareja de Marina y Bardina alcanzaría con esta producción un éxito sin precedentes. De hecho, Lucecita fue calificada por el diario Panorama (columna De aquí y de allá, Ebert J. Lira, 1967) como la “telenovela de mayor éxito en los últimos tiempos”.

En un giro curioso donde la realidad se fundía con la ficción, Marina quedó embarazada, al igual que su personaje en la trama: «Di a luz durante las grabaciones y, de hecho, mi hija salió en la novela. El embarazo se me notaba poco, era mi primer bebé, así que pudimos disimularlo. Hacíamos tomas cortas para que no me cansara, usaba vestidos anchos para que no se viera y cuando llegó la hora del parto se adelantaron algunos capítulos, pero apenas di a luz debí empezar de nuevo».

Marina en el camino a la fama. Fuente:
grupo Facebook Caracas en Retrospectiva
Para la actriz, el impacto de la protagonización le dejó gratos recuerdos, pero visto en retrospectiva ¿qué significó realmente para Marina su ascenso en el plano laboral? Ella lo resumió de manera muy sencilla: «Si los directores ven que tú rindes y que cumples con ciertas condiciones, te dan un papelito más grande y punto…Significó trabajo, hacerme una plataforma económica, hacer amigos que estuvieron en mi vida y que aún están. Mis hijas vieron la luz en la televisión: Marifé nació por Radio Caracas, Lolymar por Venevisión y Mónica es la única que nació fuera, pero prácticamente dentro».

- Cuando hice Lucecita, como cuando se hacen las cosas por primera vez, sentí que todo era bello. Todos éramos excelentes compañeros. Nada me molestaba, la pasé maravillosamente. Cuando di a luz, me llegaron ramos de flores de gente que ni conocía. Se cree que cuando tienes éxito con una novela llegas al estrellato y no es verdad. Corrimos con la suerte de que la novela gustó mucho y eso aumentó nuestra popularidad. Creo que en la mitad del camino se le agregaron capítulos y personajes a la trama, para poder alargarla. Por eso duró como dos años.

Paralelamente, la fama de Bardina fue muy comentada en ese momento: “El nuevo galán del canal 4 tuvo ocasión de saborear su popularidad en el reciente viaje que efectuara con otros artistas de Venevisión a la hermosa isla de Margarita. Las pavitas lo asediaron por todas partes y fue la primera figura más aplaudida de la delegación” (Panorama, julio de 1967).

Una pareja que hizo historia. Fuente:
grupo Facebook Caracas en Retrospectiva
La dupla Baura-Bardina daría aún más que hablar. A este hit seguirían La Señorita Elena (1968), Rosario (1969) y Lisa, mi amor (1970). Es precisamente al comenzar la década del 70 cuando Marina recibe una tentadora oferta de RCTV. Se muda de canal para interpretar junto a Oscar Martínez La virgen ciega (1970 y, luego, Cristina (1970), junto a Raúl Amundaray, pero ambas no contaron con el favor del público. Hubo que esperar hasta La Usurpadora (1971), cuando su doble papel de Alicia Estévez/Rosalba Bracho consolidaría el binomio Baura-Amundaray. Este rol la haría merecedora del reconocimiento de la Asociación de Cronistas de Espectáculos de Nueva York (ACE) como mejor actriz y la llevó a cantar en escenarios extranjeros, algo en lo cual ya había incursionado en 1969, cuando grabó un disco de canciones de Navidad que presentó en De Fiesta con Venevisión.

Aunque el próximo vehículo dramático de Marina junto a Elio Rubens —La Indomable (1972)— tuvo muy buenos niveles de audiencia, Raúl y ella se reunirían otra vez en nuevas producciones: La Italianita (1973), Valentina (1975), Resurrección (1977), TV Confidencial (1978) y Mabel Valdez (1979), pero ninguna tan exitosa como La Usurpadora.

A estas alturas, es necesario precisar que Marina estaba evolucionando en lo profesional, alejándose paulatinamente del personaje de damita joven en novelas rosa. En 1974 se incorporaría a la llamada telenovela cultural liderada por RCTV con la versión de Doña Bárbara, protagonizada con Elio Rubens; también encabezaría el elenco de Canaima y La balandra Isabel llegó esta tarde (1976), junto a Miguelángel Landa, así como Sobre la misma tierra (1976). Natalia de 8 a 9 (1980), de la mano de José Ignacio Cabrujas, marcó su madurez en la actuación, acompañada por otro actor de grandes dimensiones, Gustavo Rodríguez, con quien se le emparejaría nuevamente en Gómez II (1981) y Chao, Cristina (1983).

Entrada de la telenovela Natalia de 8 a 9. Fuente: canal YouTube de Venenovelas.

Su vida personal siempre estuvo expuesta al público, pero su discreción y hermetismo logró mantenerla alejada de murmuraciones y escándalos dentro de los predios faranduleros, incluso cuando se divorció de Felo Giménez y años después se casó con Hernán Pérez Belisario.

Al preguntársele qué hacía la diferencia entre encarnar un rol creado por Cabrujas y otro por Delia Fiallo, Marina respondió:

- Para mí los dos han sido muy importantes, cada uno en su estilo. Delia Fiallo significó mi comienzo como actriz aquí en Venezuela, haciéndome protagonista por primera vez; y José Ignacio me cambió de “damita” a primera actriz con Doña Bárbara.
Bardina y Lupita pronto conformaron
una nueva pareja ideal. Fuente: Tele-Guía. 
Por su parte, José Bardina también tuvo una transición vacilante hacia nuevas parejas protagónicas, pero con Esmeralda (1971), junto a Lupita Ferrer, encontró a la que sería su nueva compañera ideal. Con ella compartiría éxitos tales como Me llamo Julián, te quiero (1972); María Teresa (1972), Mi hermana gemela (1975), Mariana de la noche (1975), La Zulianita (1977) y Ligia Sandoval (1981). Además, formaría pareja con Rebeca González en dos clásicos del género en los 70: Peregrina (1973) y Una muchacha llamada Milagros (1974). Todas estas historias fueron escritas por Delia Fiallo. En su vida personal, se caracterizó por estar alejado de escándalos y líos de faldas. Se casó con la también actriz Amelia Román y con ella procreó su único hijo, José Alberto.

Bardina y Marina no se volvieron a reunir profesionalmente hasta Silvia Rivas, divorciada (1977), de Cabrujas, que marcó el regreso a RCTV del apreciado actor. Los bajos niveles de audiencia de esta producción serían recompensados ante el impacto que representó La Fiera (1978), con Doris Wells y Carlos Márquez.

El reencuentro entre Marina Baura y José Bardina al final
no resultó tan exitoso como en sus inicios.
Lucecita, por sí misma, también tuvo su propio recorrido triunfal: en 1968 la TV Argentina produjo una versión llamada Estrellita: Esa Pobre Campesina. En 1973 Venevision volvió a grabarla para poder exportarla, ya que la producción de 1967 no estaba apta técnicamente para salir al exterior. Esta fue protagonizada con éxito por Ada Riera y Humberto García, quienes tal como ocurrió con Marina y Bardina, conformaron una nueva pareja romántica y más adelante interpretaron La mujer Prohibida. A Ada le tocó revivir otro éxito de esa pareja, como lo fue La Señorita Elena, acompañada por José Luis Rodríguez.

En los setentas se hizo una radionovela en España, una versión en fotonovela y más adelante Lucecita también fue llevada al cine. En 1983 Venevisión produjo una versión bajo el titulo de Virginia, la cual no tenía el consentimiento de la autora y por la que demandó a la empresa. En 1987 fue llevada a la televisión argentina y se convirtió en otro éxito. De esta manera, Estrellita Mía tuvo a Andrea del Boca y a Ricardo Darín en los roles principales. Esta versión fue premiada en Miami y la adaptación la hizo la propia Delia Fiallo.

A principio de los noventas se produjo un nuevo remake en Colombia bajo el título de Lucerito y en 1998 se hizo la más reciente versión, esta vez en Perú, titulada Luz María, con Angie Cepeda, Christian Meier, Mariela Alcalá y Rosalinda Serfatty. Esta ha sido considerada de las más exitosas de este argumento.

José Bardina y Amelia Román, una pareja
ejemplar. Fuente: Las telenovelas d
José Bardina se retiró a finales de los 80 de las telenovelas, para dedicarse a sus negocios y atender la deteriorada salud de su esposa, Amelia Román. Al fallecer ella, regresó a la televisión en papeles de carácter, en telenovelas como Lejana como el viento (2002), Amor descarado (2003), Inocente de ti (2004), La Ley del Silencio (2005) y su último papel en Amor comprado (2007), la mayoría de ellas grabadas para Telemundo. Sus problemas de salud le obligaron a retirarse definitivamente de las cámaras y falleció el 18 de diciembre de 2009, rodeado del cariño de sus familiares y amigos más cercanos.

Marina renunció a RCTV en 1983. Su último trabajo en esa planta fue el de La hora menguada, dentro del ciclo dedicado a Rómulo Gallegos, en el cual compartía créditos protagónicos con su “rival” profesional, Doris Wells. Se adentraba en los cuarenta, edad crítica para una actriz de su jerarquía, cuyo reinado venía siendo amenazado por ascendentes estrellitas provenientes —la mayoría de ellas— de los concursos de belleza. Doris se había retirado y poco después falleció a muy temprana edad; Mayra Alejandra y Pierina España, las otras diosas del canal, aparecían cada vez menos en las pantallas. Nuevos tiempos se acercaban a la televisión venezolana.

Casada en segundas nupcias con Hernán Pérez Belisario, la actriz tuvo su tercera hija Mónica; participó en varios proyectos de la televisora independiente fundada por su marido, Marte TV, entre ellos la exitosa Emperatriz (1990), que la emparejó con su galán de otrora, Raúl Amundaray. Se divorció y se alejó nuevamente de la pantalla chica.


Escena de Emperatriz. Fuente: canal YouTube de Dimitrije Lukic

Eventualmente realizó radioteatros, hasta que en 2003 hizo el papel de Tentación Luján en Cosita  Rica (Venevisión). En 2006 participó en el unitario Soltera y sin compromiso (RCTV) y en 2008 volvió a las tablas para interpretar el monólogo de Gabriel García Márquez Diatriba de amor contra un hombre sentado, dirigida por Carlos Omobono.
Desde entonces se habló de una vuelta a los escenarios, de una posible representación teatral junto a Pierina España, de una obra producida por Nohely Arteaga, pero nada de eso se concretó.

En el siguiente resumen de la entrevista realizada por Leonardo Padrón para su serie Los Imposibles, Marina cuenta algunos aspectos de interés sobre su vida personal y artística:

Fuente: canal YouTube de Onda La Superestación.

Actualmente vive en su residencia en Caracas, llamada no casualmente Lucecita, rodeada de un bello jardín y de recuerdos familiares. Evita dar declaraciones a la prensa —«Ya no trabajo en la televisión, no tengo nada que decir», afirmó—y, eso sí, regularmente viaja a Estados Unidos de Norteamérica a visitar a su hija y a sus nietos. Es una vida apacible, totalmente alejada de las cámaras de TV, donde hace 50 años debutara como una “Lucecita".