sábado, 8 de julio de 2017

1982: Susy celebra nuestro aniversario

Sussy, descocada rubia de los 80.
Ilustración: José Gregorio Marcano
Siento que mi verdadero año de nacimiento fue 1982. Próximo a egresar de bachillerato, todas mis expectativas giraban en torno a mi inminente ingreso en la universidad. Deseaba estudiar Comunicación Social; así me lo había propuesto desde segundo año de secundaria, cuando me imaginaba como un osado reportero, escribiendo para el diario Panorama ―mi referencia periodística más cercana―, o mejor aún, en revistas de cultura y entretenimiento.

En aquella época acostumbraba elaborar mis propias publicaciones: juntaba varias hojas blancas, las cuales doblaba y engrapaba a la mitad, para luego escribir e ilustrar las historias que allí plasmaba. Los temas eran variados, pero siempre había chicas bellas que engalanaban un “mini-póster” en la página central. Una de ellas fue Sussy, rubia y malportada, quien fue la estrella en la “celebración” del quinto aniversario.

Otros compañeros se sentían ansiosos ante la nueva etapa por iniciar; yo no. Estaba seguro de que mi elección profesional era la correcta y que esta carrera me permitiría obtener mayor satisfacción que cualquier otra. Todo lo anterior solo había sido preparación —estaba convencido de ello— para los logros que suponía alcanzar en un futuro.

El entorno, sin embargo, no era el más propicio. A lo largo de 1982, Venezuela fue sumergiéndose cada vez más en dificultades económicas y políticas, algo que yo percibía en las noticias que inundaban los diferentes medios de comunicación social y en las conversaciones entre particulares. El mercado petrolero se había deteriorado por los bajos precios del crudo y los especialistas acusaban una debilidad en los mercados internacionales, sumada a las crisis externas de muchos países de América Latina, lo cual aceleró la salida de capitales privados ante las negativas perspectivas cambiarias.

La economía venezolana, según la publicidad, vivía un ilusorio buen momento.
Fuente: canal YouTube Profe Melómano

Ese año, según el economista Pedro Palma, el Banco Central de Venezuela inyectó dinero a la banca y apoyó al fisco nacional para compensar los pocos recursos económicos que se movilizaban en el país debido a la continua fuga de fondos financieros. Paradójicamente, mientras más dinero se inyectaba por vía de créditos o por gastos, mayor cantidad salía al exterior ante el clima de desconfianza existente.

La situación cada vez se hacía más crítica: mientras los ingresos petroleros se redujeron 30 por ciento, se dice que 8,77 millardos de dólares se fueron del país en esos años. De igual manera, la tasa de desempleo ascendió de 4,3 por ciento en 1978,  previo al gobierno de Luis Herrera Campíns, a 7 por ciento en 1982.

Portada del diario argentino Clarín anunciando
el inicio de la guerra. Fuente: portal
sobreHistoria.com
Fue un año agitado nacional e internacionalmente. En la fría madrugada del 2 de abril, las fuerzas armadas argentinas desembarcaron en las islas Malvinas, ubicadas en el océano Atlántico Sur. Era una decisión arriesgada asumida por la Junta Militar que gobernaba la nación sureña, cuyo poder se encontraba visiblemente desgastado, en medio de una crisis económica, política y social. Lo “oportuno” de la incursión para la imagen del gobierno la evidenciaron los sondeos de la época, según los cuales 90% de los ciudadanos estaba a favor de esta intervención bélica.

Si nos remitimos a los orígenes del conflicto, este territorio había sido ocupado ilegalmente por el Reino Unido el 3 de enero de 1833, cuando fueron desalojadas las autoridades argentinas por la fuerza y se impidió su retorno. La disputa se mantuvo por años, precisamente porque no se terminaba de establecer a quién correspondía la soberanía de este archipiélago. Ya en 1960, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) había calificado la arbitraria ocupación como un caso colonial especial e instó a los británicos a poner fin a tal usurpación, lo cual nunca ocurrió.

Soldados argentinos en las Malvinas, conocidas por los británicos
como las Falkland. Fuente: portal teinteresa.es
Desde 1981, el gobierno militar argentino, con el General Leopoldo Fortunato Galtieri a la cabeza, emitió varias propuestas para negociar el tema de la soberanía, pero el gobierno de Margaret Thatcher no cedió. Fue así como en abril de 1982 las fuerzas militares argentinas ocuparon las Malvinas y dieron inicio a una de las últimas guerras registradas en nuestro continente contra alguna potencia mundial.

Como era de esperarse, el gobierno británico respondió con el envío de una fuerza naval que desembarcó seis semanas más tarde y después de duros combates forzó la rendición argentina 74 días después, restableciendo la administración del Reino Unido sobre las Malvinas. En medio del conflicto, el gobierno venezolano expresó su completo apoyo hacia Argentina, pero EE.UU. y otras naciones europeas como Francia no dudaron en reafirmar su respaldo al colonialismo inglés.

Fuente: Diario La Razón / AFP.
Los costos de la contienda fueron altos: según datos oficiales, de los más de 23 mil combatientes argentinos, 649 perdieron la vida, mientras que de los 28 mil efectivos ingleses que desembarcaron para participar en la confrontación bélica insular, 255 murieron. Las pérdidas materiales para el país austral se estimaron superiores a los 1.630 millones de dólares, según informes de la fiscalía de la Cámara Federal.

Pero el costo mayor lo pagaron los mismos que iniciaron el conflicto: la firma de la rendición de Argentina aceleró el final de la Junta Militar del Proceso de Reorganización Nacional que gobernaba ese país, mientras que la Primera Ministra Margaret Thatcher se reafirmó en el poder al ganar unas elecciones anticipadas. El 14 de junio, a las 23:15 horas, la llamada Dama de Hierro compareció ante la Cámara de los Comunes para informar el fin de la guerra. Apenas unos días antes, específicamente el 12 de junio, el Papa Juan Pablo II había finalizado su visita a Buenos Aires.

Hasta la fecha, aún no está determinada la soberanía sobre las tres islas con sus aguas adyacentes. Sin embargo, los combatientes argentinos dejaron como legado unas 18 mil minas bajo el suelo isleño, entre ellas bombas M67 de 90 milímetros antitanque, misiles de aire a la superficie, granadas de mano…todas aún potencialmente activas en la zona.

Fuente: revista Ronda, mayo 1982.
A pesar de todos estos acontecimientos, no todo era drama. En el mes de mayo, Ana Teresa Oropeza ganó la corona del Miss Venezuela. Era una hermosa joven de 18 años de edad, de estilizadas piernas, hija de un militar y nativa de San Juan de los Morros, por lo cual representaba al estado Guárico. Fue el primer año de la recién creada Organización Miss Venezuela, ya bajo la égida de los Cisneros y con Osmel Souza como presidente. Según rumores, el mal llamado Zar de la Belleza apoyó a Ana Teresa porque “ser hija de un militar daba seriedad al concurso”. Lamentablemente, su hermosura no iba a la par de una buena formación cultural.

En una entrevista publicada en el diario El Nacional, ella declaró que le gustaba “la música de Shakespeare” y todo el país rió a mandíbula batiente ante semejante ocurrencia. En Sábado Sensacional explicarían que Shakespeare había compuesto unos sonetos a los cuales se les había musicalizado, pero como dice el dicho: “No aclares que oscureces”. Ana también señalaría que quiso decir la música de Beethoven, pero ya el mal estaba hecho y hasta el día de hoy es recordado este alocado gazapo.

Precedida por el triunfo doble de Irene Sáez y Pilín León en los concursos internacionales, toda las expectativas se mantuvieron en Ana Teresa, para constatar si era capaz de mantener la corona. Viajó a Lima, en Perú, buscando emular a sus predecesoras pero no logró entrar entre las 12 semifinalistas del Miss Universo. El resto de su reinado transcurrió de manera discreta y al año siguiente, luego de entregar la corona a Paola Ruggeri, se casó con Omar Gerardo Camero, hijo de Omar Camero, actual dueño de Televen. Con él procreó tres hijos: Omar Antonio, Gerardo —ambos fallecidos en sendos accidentes de aviación registrados en 2015 y 2009, respectivamente, cerca de una finca propiedad de la familia en el estado Guárico— y Fabiana, la única sobreviviente. Hoy Ana se encuentra divorciada y aún mantiene su atractivo.

Fuente: vigoalminuto.com
Entre el 13 de junio y el 11 de julio, todos los venezolanos se volcaron al Mundial de Fútbol, que ese año tuvo lugar en España, con Naranjito como mascota oficial. Italia se impuso ante Alemania Federal en una final de impacto, mientras que Polonia y Francia ocuparon el tercer y cuarto puesto. Paolo Rossi se alzó como el mejor goleador, con seis tantos, seguido por el alemán Karl-Heinz Rummenigge, con cinco imparables.

Para ese momento, finalizados los exámenes finales y una vez que recibí mi título como bachiller en Ciencias, mi destino inmediato fue la isla de Margarita, donde permanecí en casa de mi tía paterna durante casi dos meses. Se suponía que en septiembre comenzaría mis estudios universitarios, pero una vez inscrito, el periodo de ingreso se extendió más de lo previsto.

Fuente: Revista Ronda.
En octubre el Miss Venezuela volvería a ser noticia: Maye Brandt, soberana en 1980, se suicidó con un revólver que le había entregado la Policía Metropolitana como miembro honorario de dicha institución. Para entonces estaba casada con el actor Jean Carlos Simancas y rumores de todos los calibres trascendieron a la prensa de farándula. De allí que un grupo de miembros del sector artístico firmara un comunicado en el cual reclamaba respeto en el tratamiento de la vida personal de actores y actrices.

En las pantallas cinematográficas se estrenaron varias cintas nacionales, cuatro de ellas especialmente memorables para mí: la entrañable comedia Domingo de Resurrección, de César Bolívar, con Carmen Julia Alvárez, Juan Manuel Laguardia y Franklin Virgüez; el drama intimista La Máxima Felicidad, dirigida por Mauricio Wallerstein según la obra de Isaac Chacrón, que reunía al chileno Marcelo Romo, Luis Colmenares y Virginia Urdaneta en un osado trío.  Clemente de la Cerda presentó el drama de denuncia Los Criminales, con Alicia Plaza, Chony Fuentes, Miguel Ángel Landa y Rafael Briceño; mientras que Román Chalbaud adaptó para la pantalla grande un capítulo del libro Cuatro Crímenes, Cuatro Poderes, de Fermín Mármol León, bajo el sugestivo nombre Cangrejo. En el film se presentaba la investigación del asesinato de un niño en una adinerada familia caraqueña, un caso inspirado en la vida real y que conmocionó al país en la década de los 70.


Fuente: canal YouTube de Venezuelan Zinema

Fuente: canal YouTube de José Luis Cunha Ojeda

Nuevos espacios cómicos nacieron y alcanzaron corta vida en la pequeña pantalla: el fallido Show de López, con Ernesto “Pepeto” López y Humberto Buonocuore; Federrico, con Carlos Villagrán y Ramón Valdez, ambos en Radio Caracas Televisión (RCTV); y Telecómico, en Venezolana de Televisión (VTV), con Ariel Fedullo. Mejor suerte corrió Bienvenidos, en Venevisión (VV), el cual conducido por Miguel Ángel Landa, reunió con éxito a un reconocido grupo de comediantes (Julio Gasette, Isabelina Zapata, Olimpia Maldonado, Bienvenido Roca, Josefina Armas)  con otros menos conocidos (Koke Corona, Hugo Márquez, Elizabeth Morales, Ernesto Cortéz) y chicas sexy, entres las cuales destacaron la Beba Rojas, Mercedes Salaya, Carolina Muzzioti y María Antonieta Duque.

Fuente: Canal YouTube de Venevisión

Por esas fechas, RCTV estrenaría uno de sus programas más bizarros, sorpresivamente bajo la conducción inicial de Eladio Lárez y la producción de Robert Alonso. Se trataba de Lo Increíble, el cual manejaba recursos amarillistas como gancho al televidente, con títulos como La Novia Fantasma, El telequinético, El elefantico Lou, entre otros.

Fuente: Canal YouTube de Robert Alonso

En dramáticos, Radio Caracas transmitía telenovela tras telenovela sin alcanzar los puntos de rating anhelados. Las figuras protagónicas de esa fecha eran la exuberante Tatiana Capote (Cándida, Kapricho, S.A. y De su misma sangre); la todo terreno Caridad Canelón (La Goajirita y La señorita Perdomo), Mayra Alejandra y Carlos Olivier (Jugando a Vivir); Félix Loreto (Campeón sin corona); Amilcar Rivero y Tomás Henríquez (Juanito y Él); Loly Sánchez (Cara a Cara); Alicia Plaza (Mosquita Muerta) y la inolvidable Doris Wells, junto a Raúl Amundaray y Jean Carlos Simancas (¿Qué pasó con Jacqueline?).

Yajaira Orta y Félix
Loreto en Campeón sin
corona
. Fuente: RCTV
Orlando Urdanera y Caridad
Canelón en La Goajirita.
Fuente: RCTV
Alicia Plaza era una "Mosquita muerta"
muy convincente en su única protagonización.
Fuente: diario El Universal.

Caridad Canelón y Gustavo Rodriguez en La señorita Perdomo.
Doris Wells asumía un doble papel en
la intriga telenovelesca
¿Qué pasó con Jacqueline?
Fuente: imgrum.com


Fuente: revista Ronda.
Venevisión tuvo sus altos y bajos. Presentó una miniserie de impacto como El retorno de Ana Rosa, con Alba Roversi, Henry Salvat y Helianta Cruz; y telenovelas exitosas como La Bruja, con Flor Núñez, Daniel Lugo y Rubens de Falco; La Heredera, con Hilda Carrero y Eduardo Serrano; y Ligia Elena, liderada por una refrescante pareja juvenil conformada por Alba Roversi y Guillermo Dávila. Menos exitosas aunque cumplidoras resultaron Sorángel, con Hilda y Eduardo; y el oscuro drama de Delia Fiallo, Querida Mamá, con la misma pareja y Eva Blanco. Mary Soliani y Henry Salvat vieron acortar de manera abrupta los capítulos de Lo que no se perdona por disposición gubernamental, debido a que supuestamente transmitía valores no acordes con la sociedad venezolana.

Venezuela se venía a pique, pero Venevisión arribaba a su 21 aniversario y botaba la casa por la ventana, tal como se evidencia en esta promoción de Sábado Sensacional: "....Venezuela está de fiesta..."


Fuente: canal YouTube de Miguelier

Fuente: canal YouTube de Miguelier

En Venezolana de Televisión, Amanda Gutiérrez protagonizaba Rosa de la Calle acompañada por el galán paraguayo Arnaldo André—quien desde Rafaela volvería de manera intermitente a nuestro país para realizar actuaciones especiales— y un elenco de conocidas figuras, como María Luisa Lamata, Berta Moncayo, María Cristina Lozada, Manuel Poblete, Luis Salazar, etc.

Fuente: canal YouTube de TheBabs723

Fuente: Fundayacucho.gob.ve
El 4 de octubre se produjo la operación militar contra el Frente Américo Silva, de Bandera Roja, en la que fueron asesinados 23 guerrilleros en el estado Anzoátegui. Este fue uno de los últimos combates entre el ejército venezolano y la insurgencia urbana en contra de los gobiernos democráticos venezolanos; debido a su saldo mortal fue conocida como la Masacre de Cantaura.

El ambiente artístico nos deparaba una sorpresa: el 27 de noviembre, en Lima, Perú, el grupo Unicornio ganó por primera vez el Festival OTI de la Canción Iberoamericana, con el tema Cuenta conmigo, original de Carlos Moreán y con arreglos de Luis Gerardo Tovar. Esta agrupación, integrada por los hermanos José Antonio (†), Juan Carlos y Jesús Bordell, Jonás Gómez(†) y Jorge Flores, partió discretamente sin que nadie esperara algo más que una decorosa actuación. Ese año se midieron con artistas como Enrique Guzmán (México); Lunna (Puerto Rico) y La Pequeña Compañía (España), pero sorpresivamente recibieron el máximo galardón y su popularidad creció como la espuma.

Fuente: canal YouTube de ricben1965

El futuro sería ingrato con esta agrupación: se disolvería en 1986; Jonás Gómez sería asesinado en 2011, luego de haber estado involucrado en tráfico de drogas en la década del 90, mientras que José Antonio Bordell, quien logró cierto éxito en su carrera como solista, con títulos como Kassandra, resultó asesinado por unos delincuentes el 1 de julio de 2017 en la carretera a Río Chico, donde se había quedado accidentado.

Portada del diario El Nacional.
El año 1982 terminaría en tragedia: al amanecer del domingo 19 de diciembre el buque petrolero Murachi, perteneciente a Lagoven, entonces filial de PDVSA, descargaba 15 mil litros de fuel-oil, requerido para activar la planta de generación eléctrica Ricardo Zuloaga, ubicada en Tacoa, estado Vargas, cuando según informaciones de la época, uno de los obreros se percató de que existía un punto sobrecalentado y abrió de manera imprudente la escotilla. La entrada de aire avivó las llamas y estas alcanzaron el tanque No.8, el cual explotó y provocó la muerte de todos los obreros de guardia.

El tanque en llamas debido a la presión ejercida por los gases y posterior explosión.
De inmediato se activó el plan de contingencia, que convocó bomberos, policías, empleados y numerosos comunicadores sociales. Cerca del mediodía, la situación parecía controlada, pero la desdicha aún no terminaba. A las 12:45 pm los vapores calientes acumulados en el recipiente originaron el fenómeno boil-over, que ocasionó una segunda explosión más devastadora que la primera, con más de 100 fallecidos, entre ellos muchos periodistas que cubrían el suceso.

Gabo agradece el Nobel de Literatura.
Fuente: cultura.elpais.com
Para mí, este siniestro fue una advertencia hacia los riesgos de mi futura profesión. No obstante, otro acontecimiento me brindó un ejemplo extraordinario de las satisfacciones que depara la buena escritura. En la madrugada del 21 de octubre, en su residencia en México, Gabriel García Márquez recibió una llamada con la noticia de que había sido el ganador del Premio Nobel de Literatura.

Todo el continente celebró el galardón y los venezolanos recordaron el tiempo cuando el escritor colombiano residió en Caracas, entre 1957 y 1959. Aquí trabajó en la revista Momento, junto a su compatriota Plinio Apuleyo Mendoza. Era la época “cuando era feliz e indocumentado” y escribía crónicas tan espléndidas como Caracas sin agua y Sólo 12 horas para salvarlo. Precisamente, según la Academia Sueca, el premio le fue otorgado por “sus novelas e historias cortas, en las que la fantasía y la realidad se combinan en un mundo de imaginación, reflejando la vida y los conflictos de un continente”.

El 8 de diciembre, vestido con un liquiliqui de lino blanco, Gabo leyó su discurso de aceptación “La soledad de América Latina”. Allí propuso cambiar la visión que los europeos han tenido de nuestro continente y planteó crear una nueva utopía, la vida, que a su vez era la respuesta de Latinoamérica a su propia trayectoria de muerte.
Sara fue la estrella en la edición
aniversario de 1983. Ilustración:
José Gregorio Marcano

A Frenchy le tocó despedir 1984 y fue la última
de las chicas en minipóster. Ilustración: José
Gregorio Marcano
«Si un latinoamericano como García Márquez podía escribir de esa manera, ¿por qué no podía hacerlo yo?». Ese era mi ingenuo razonamiento al final de 1982, en una espera para ingresar a la universidad que se prolongaba debido a una inesperada huelga de docentes, extendida por seis meses. Ya graduado, no alcancé ni siquiera a ser digno de atarle los zapatos al Nobel colombiano, pero los años de formación me permitieron encarar la escritura periodística con otros ojos. Me ayudaron a atreverme, a  ser responsable por mis escritos ante una potencial audiencia, a mejorar cada día.

Para entonces había dejado atrás aquellos manuscritos panfletarios de mis orígenes, siempre ilustrados con una Sussy descocada…o quizá hasta varias, pero con la sinceridad que solo nace de un verdadero compromiso con lo que uno asume que es su talento. El ciclo se había cerrado.


jueves, 1 de junio de 2017

El salto mortal de Agustina Martín

Fuente: Andrei Shkarin / Grupo Facebook 
Telenovelas del ayer
Si hablamos de muertes trágicas, el caso de Agustina Martín es uno de los más lamentables. El domingo 28 de enero de 1996, a las 9:30 de la mañana, su cuerpo se estrelló contra el pavimento, al caer del décimo piso del edificio Country, en Chacaíto, donde residía con su marido, el periodista y entonces diputado Oscar Yánez. Era un fin dramático y terrible para una de las más delicadas actrices del teatro y la televisión venezolanos, pero no muy alejado de la violencia con que perecieron algunos de sus recordados personajes en telenovelas como Sangre Azul o Estefanía.

De acuerdo con la versión publicada por el diario Panorama (29/01/1996, p. 3-12), la actriz “estaría buscando un libro en la biblioteca de su apartamento, encaramada en una silla, cuando perdió el equilibrio y se precipitó sobre una ventana que cedió, haciéndola caer de una altura de 30 metros”. Para el momento Yánez “estaba trabajando en su máquina de escribir en un cuarto contiguo y solo atinó a escuchar el estruendo de los vidrios de la ventana, por donde su esposa cayera inevitablemente”.

Fuente: diario Panorama
Para muchos, esta explicación del lamentable evento era poco creíble. Según algunas fuentes informativas, Agustina sufría cáncer de garganta desde hacía dos años, por lo que las autoridades policiales investigaron si su caída había sido un accidente o una decisión voluntaria. Desde entonces e incluso años más tarde, el suceso sería objeto de crueles especulaciones, principalmente por la actuación política opositora de su viudo. No obstante, aparentemente en el ámbito oficial se manejó como un accidente o un posible suicidio.

Oscar Yánez, acompañado por uno de sus nietos; el periodista
Edgardo de Castro y Carlos Bardasano, directivo de Venevisión
durante el sepelio de la actriz. Laserfoto Franklin Suárez.
Fuente: diario Panorama.
En sus exequias, innumerables coronas florales se agolparon en un espacio atestado por quienes la acompañaban para rendirle un último tributo. Sus restos habían sido trasladados a las 10 de la mañana del día lunes 29 de enero hasta la funeraria Memorial y a las tres de la tarde arribaron al país sus dos hijos, Raúl y Rodrigo del Río, quienes residían en el exterior. Según Panorama, el mayor se encontraba viviendo en Nueva York, donde se había casado con una japonesa. Ellos y los nietos de la fallecida actriz —Saori, Sasha y Raúl del Río—, permanecieron junto al féretro, rodeados de decenas de personajes vinculados a la política, la farándula y la comunicación venezolana. Entre ellos se encontraban figuras tan conocidas como el expresidente Luis Herrera Campíns, quien la respaldó en su iniciativa para desarrollar el teatro penitenciario a finales de los años 70; el gobernador del Distrito Federal, Asdrúbal Aguiar; junto a altos directivos de Venevisión.

El actor Carlos Márquez carga el féretro junto a
amigos y familiares de la actriz. Laserfoto Franklin
Suárez. Fuente: diario Panorama,
Además, veteranos actores y actrices como Amalia Pérez Díaz, Carlos Márquez y Bárbara Teyde expresaron palabras de elogio, recordando su grandiosa trayectoria en teatro, radio y televisión, así como sus valiosas dotes humanas. «El hecho de que se enfermara fue ya un dolor para todos los que compartimos con ella a la hora del trabajo y a la hora de la amistad», dijo en esa oportunidad Ivonne Attas, excompañera de labores artísticas y entonces alcaldesa de Baruta. «Realmente sentimos mucho el deterioro que le provocó la enfermedad […], porque ya la Agustina querida, la que podía aportarle tanto al mundo del teatro y la televisión venezolana se nos fue».

«No se puede hablar de Agustina sin reconocer a la dama Agustina Martín, una persona cabal, como debe ser una mujer y yo lo siento tanto…me duele que se vaya…En este mundo que está tan equivocado en lo que respecta a valores, (ella) siempre tuvo muy claro el valor de cada quien. Yo doy fe de eso, porque fueron añales trabajando juntas…», afirmó Amalia Pérez Díaz, visiblemente conmovida.

El cortejo fúnebre partió el martes 30 de enero de 1996, a las nueve de la mañana, hasta el Cementerio del Este, en Caracas, donde se le brindó sepultura. Se cerraba así el ciclo vital de una verdadera dama, emprendedora y excepcional.

Aunque su carrera en la actuación la desarrolló casi totalmente en Venezuela, Agustina nació en España el 24 de septiembre de 1930, en un pueblo castellano llamado Venta de Baños. Luego vivió en Carrión de los Condes y posteriormente se trasladó con su familia a Palencia, donde creció y pasó sus años de adolescencia.

Agustina Martin y Carlos Viaña en El Greco.
Fuente: Libro 25 años de RCTV
Su ingreso al medio artístico se dio casi de manera fortuita: «Un día me presenté a una emisora de radio con otras amigas, pues necesitaban una locutora. La prueba consistía primero en leer, luego improvisar y después había que presentar una cuña comercial...Creo que la prueba fue bastante buena, porque me seleccionaron». Fue así como inició su carrera artística en Radio Palencia, donde permaneció durante cuatro años.

En una entrevista, Agustina rememoraba que cuando empezó a trabajar, no dijo nada en su hogar, porque al final de la programación tenía que decir siempre: "¡Viva Franco, arriba España!". Sin embargo, después de dos o tres días, ya no pudo guardar el secreto:

«Recuerdo que mi papá se emocionó mucho y me dijo: ʹLo haces muy bien, hijita...Lo único que me molesta es eso que dices al finalʹ. Mi padre era republicano y estuvo preso casi cinco años. Por eso mis hermanos empezaron a salir hacia Venezuela y siempre nos presionaban para que también yo tomara esa decisión junto a mis padres. Precisamente, debido a las ideas políticas, siempre había un rechazo más o menos velado hacia nosotros. Como en las ciudades pequeñas se conoce a todo el mundo, a nosotros nos calificaban como rojos. En fin, es una historia que en aquella época era bastante repetida en España».

Agustina y Carlos Cámara en la Novela Camay.
Fuente: Libro 25 años de RCTV.
Poco a poco fueron arribando todos sus familiares a Venezuela y en 1950 le tocó a ella. Con apenas 20 años, su agradable voz y su experiencia radial le permitieron incursionar en este medio capitalino, específicamente en Radio Rumbos donde participaría en varias producciones. En 1953, cuando se inauguró Radio Caracas Televisión, Agustina se incorporó al elenco pionero de la nueva planta, junto a otros actores como Carlos Márquez, Amalia Pérez Díaz, Tomás Henríquez, Giove Campuzano, Edmundo Valdemar, Violeta González y Adelaida Torrente, entre otros.

Márquez la recordaba de esa época, «cuando empezamos a hacer los grandes programas estelares del canal como Anecdotario y Ciclorama. Trabajamos en muchísimos programas de gran importancia». Amalia Pérez Díaz era su compañera en esos inicios de RCTV y «materialmente, entre Anecdotario y Teatro del Lunes, semanalmente trabajábamos juntas».
 Las aventuras del Capitan Futurus,con las actuaciones de
Agustina Martín,Carlos Márquez y Gustavo Troconis, años 50.
Fuente: Libro 25 años de RCTV.
Agustina formó parte de la Novela Palmolive y de la Novela Camay, además de protagonizar varias obras de teatro en los espacios Gran Teatro del Sábado, Teatro Ford y Teatro del Lunes. Sin embargo, sus primeros premios los recibió gracias a sus caracterizaciones en el programa Anecdotario, sobre el cual jocosamente comentó: “Yo he sido la esposa de prácticamente todos los grandes hombres de la historia. De Julio Verne, he sido la amante de Napoleón y hasta fui Juana de Arco”. Además, formó parte del elenco de la serie infantil Aventuras del Capitán Futurus, una curiosa producción de ciencia-ficción junto a Carlos Márquez.

Ciertamente, en Venezuela la vida de Agustina se expandió en lo personal y en lo profesional. Primero la radio, el teatro, luego la televisión, su primer matrimonio junto al periodista y escritor Manuel Del Río, los hijos…y de vez en cuando, breves retornos a la Madre Patria: «Me casé con un español…Tuve dos hijos de aquel matrimonio, Rodrigo, nacido en 1956; y Raúl, en 1960. He vuelto a España siempre que he podido. Por ejemplo, estuve cuando llegó el cambio político. Disfruté mucho aquello, como republicana. Al mismo tiempo lloré bastante, porque mi padre no pudo ver ese día con el que tanto había soñado siempre. Luego he ido otras veces, también como turista».

Raúl Amundaray  y Agustina en El Derecho de Nacer.
Fuente: diario El Nacional.
En la década de los 60 realizó varias telenovelas, entre ellas La otra y Cinco destinos (ambas de 1961), Sacrificio (1967) y Corazón de madre (1969), pero su rol más recordado en esa época fue el de Matilde del Junco en El Derecho de Nacer (1965-1967), telenovela que se convirtió en un hito dentro de la televisión venezolana por sus extraordinarios niveles de audiencia y su larga duración.

Paralelamente, entre 1965 y 1972, fue productora y conductora del programa radial “Agustina Martín Presenta”, por el cual fue galardonada con el prestigioso Premio Ondas como la mejor presentadora de radio del año 1972, algo que ella calificó como «muy importante para mi carrera».

Fuente: Tintateatro.blogspot.com
Durante la década de los 70, Agustina alcanzó su madurez actoral y personal; se convirtió en una de las constantes actrices de reparto de un gran número de telenovelas de Radio Caracas Televisión, en algunas de las cuales dejó retratados personajes memorables. Por ejemplo, en Cristina (1970), se llamaba Estrella y era amiga de Marina Baura, la protagonista; en La Usurpadora (1971-72) se convirtió en Patricia, la esposa de Felipe Bracho (Carlos Márquez); en La Doña (1972), reemplazó a Lila Morillo en el rol de Doménica durante los últimos 10 capítulos, luego de que la cantante zuliana fuese despedida del canal por incumplimiento en las pautas de grabación.

Ese año apareció como Raiza, anfitriona de un casino, en La Indomable (1972-1973); en Raquel (1973) se llamaba Leonor y era la hermana de Laura Saldívar (Cecilia Villarreal); se convirtió en María Julia, madre de Marina Baura, en La Italianita (1973-74); y en Hilda María, en Valentina (1975-1976). Los cambios que se operaban en los dramáticos de RCTV le permitieron apariciones en Sobre la misma tierra (1976); Tormento (1977); Resurrección (1977) y Piel de Zapa (1978), todas versiones más o menos logradas de clásicos literarios.

Petra Seijas (Agustina) y Pedro Escobar (Gustavo  Rodríguez) en Estefanía. Fuente: El Nacional.
En 1979 recibió tres papeles de lujo: Adelaida, la esposa del Marqués Felipe Granados (Hugo Pimentel), en la miniserie Sangre Azul; Sara, la amargada ama de llaves y eterna enamorada de Eleazar Meléndez (Carlos Márquez) en La Fiera; y el de Petra Seijas, madre de José Luis Rodríguez “El Guácharo” en Estefanía (1979-1980). En los tres manejó con maestría y humanidad sus caracterizaciones, hasta lograr momentos dignos de recordar.

Muerte de Petra Seijas en Estefanía. Fuente: Póngalo, canal Youtube

Rafael Cabrera, Manuel Poblete y Agustina
Martín en un teleteatro de los años 50.
Fuente: Página de Facebook de Rafael
Cabrera.
Agustina siempre fue una mujer comprometida con sus ideales, atenta a luchar contra todo tipo de injusticias; de hecho, desarrolló una importante labor social en las cárceles venezolanas, al fundar en el año 1979 el llamado Teatro Penitenciario, que tenía como objetivo rescatar la dignidad humana ─a través de las artes─ de muchas personas privadas de libertad. Humberto Prado, director del Observatorio Venezolano de Prisiones, en una entrevista publicada en el diario El Universal (04/04/2013), la recordaba liderando esta iniciativa desarrollada durante el periodo gubernamental 1979-1984 del presidente Luis Herrera Campins:

«Al frente de ese programa estaba Agustina Martín, que comenzó un peregrinar por todos los centros carcelarios de Venezuela impulsando el teatro. Ella se encontró con la sorpresa de que en los penales existían ya grupos de teatro. Con el Consejo Nacional de la Cultura (Conac) promovió el fortalecimiento de estos grupos a través de cursos de expresión corporal, dicción, producción, de manera que toda la experticia que tenían los internos para hacer sus guiones y montar sus obras, se puliera. Además, Agustina buscó padrinos para cada uno de los grupos, que eran artistas, de manera de que ese padrino se convirtiera en utility y consejero: les ayudaba a montar sus vestuarios, sus escenografías… como eran artistas y tenían acceso a la televisión, podían conseguir cosas... esos festivales se hacían en el teatro de la Cantv».

Matrimonio de Agustina Martín y Oscar Yánez. Fuente: archivo
Luis H. Medina / Grupo Televisión y Cine en Retrospectiva.
Durante cinco años consecutivos, ella se encargó de motorizar y dirigir estos encuentros que aún hoy son recordados.

En su vida sentimental, en esa época Agustina rompía el paréntesis luego de la ruptura de su primer matrimonio. A finales de la década de los 70, se casó en segundas nupcias con el periodista socialcristiano Oscar Yánez, popular en los medios informativos por el carácter sensacionalista con el que acostumbraba a manejar las noticias durante su paso por la prensa capitalina. La relación con el conocido “Chivo Negro” devino en una productiva relación personal y profesional.

Amalia Pérez Díaz, Laura Serra y Agustina en
la obra teatral Señoras. Fuente: Telenovelas del ayer
Los años 80 se presentaron plenos de logros profesionales en el ámbito teatral. Obtuvo comentarios favorables de público y crítica con un hito dentro de su trayectoria en este medio, Señoras, interpretada para el grupo Theja por ella misma, Amalia Pérez Díaz y Laura Zerra, con textos de José Simón Escalona y dirección de Javier Vidal. Estrenada en 1984, la obra logró presentarse durante dos años consecutivos con récord de audiencia en Caracas, para luego montarse en Barcelona en 1985, con similar éxito de público.

Oscar Yánez le permitió una nueva oportunidad de lucirse en las tablas, con una puesta en escena de su amigo Javier Vidal. En una entrevista con Aquilino José Mata para el diario El Nacional (23/10/2008), el polémico periodista la recordaba como «una actriz verdaderamente excepcional. Ella me hizo meter en el teatro, escribiéndole un monólogo, ¿Qué opina usted de la mujer que le quita el marido a otra?».

Para desarrollar la trama, el autor se había inspirado en la historia real de un matrimonio de inmigrantes españoles, que había llegado a Venezuela y en la que el hombre inicia una relación adúltera con una amante argentina. Esta supuestamente se dedicaba a molestar a la dama española por teléfono, convirtiendo la situación en el preludio de una tragedia.

Una modelo de lujo. Fuente: Televisión y Cine
en Retrospectiva.
Sobre esta anécdota, Yánez contaba a su colega Aquilino José Mata: «La vieja, que no lo era realmente, se enteró, por una llamada que interceptó, que su marido se iba a ir con la argentina para España de vacaciones. Se dejó de pendejadas, compró un revolver a un colombiano por 500 bolos en el Pasaje Capitolio y se fue para el Gran Café, donde sabía que ambos se reunirían. La mujer engañada encontró a la amante de su marido sola, esperándolo, y le metió dos pepazos…La obra fue un éxito, por lo que le dije a Agustina que quería hacer un programa de radio contando estos casos del pasado, que tanto llaman la atención. Ella me dijo: ‘¿Y qué título has pensado tú? Yo le respondí: ‘¿Te parece Cosas de Yanes?’, y ella me dijo: ‘Por favor, eso es muy pretencioso. Ni que tú fueras Thomas Alva Edison. Tiene que ser algo más genérico. Hay una frase usada por los venezolanos que vale para casi todo y es: ‘Así son las cosas’. Y así fue como tomé ese nombre para los micros, el programa de televisión y un libro que le dediqué, por supuesto, a Agustina».

Agustina Martín en su madurez. Fuente: revista
Venezuela Farándula.

Nuevamente para el grupo Theja, también representó como actriz invitada el papel de la ama en El Otro, de Miguel de Unamuno, bajo la dirección de Javier Vidal y la producción de José Simón Escalona.

Si bien en los años ochenta estuvo muy ocupada en sus actividades teatrales, Agustina también se mostró activa en la televisión. Aún en RCTV, encarnó a la madre de David (Orlando Urdaneta) en la exitosa Elizabeth (1981); y de Mayra Alejandra y Virginia Urdaneta en Luisana Mía (1981). En La Hija de Nadie (1981), esa suerte de experimento vespertino ambientado en un Londres no muy convincente que tenía a Hazel Leal y a Javier Vidal como protagonistas, interpretó a Lady Agatha.

Sin embargo, uno de sus papeles más recordados de esa década fue el de Mercedes Antonini en La Dueña, el suceso dramático de VTV en 1984. Su personaje había sido recluido en un manicomio por un marido maltratador y terminaba casi enloqueciendo, hasta que logró escapar de ese infierno junto a Adriana Rigores (Amanda Gutiérrez), para recuperar a sus hijos. Agustina no temió lucir andrajosa y desaliñada; con su desgarradora actuación se hizo merecedora del Meridiano de Oro de ese año como mejor actriz de carácter.

Mercedes Antonini y Adriana Rigores se encuentran en La Dueña.
Fuente: canal de ylopez2009 en Youtube

A principios de los 90, la vida de Agustina parecía haber encontrado un equilibrio personal y profesional. Yánez era diputado por el partido socialcristiano Copei en el Congreso Nacional, tenía polémicos programas de entrevistas en Venevisión y era referencia política en la opinión pública venezolana. Ya la actriz se había convertido en abuela y consideraba su matrimonio como bien avenido: «Formamos una pareja que nos llevamos muy bien. No tenemos tiempo para el aburrimiento que, a la larga, es el gran asesino de muchos matrimonios».

Agustina y Víctor Cámara en Inés Duarte, secretaria.
Captura de pantalla de la telenovela.
El salto a Venevisión le añadió nuevos matices a sus roles, en los cuales destaca la manipuladora y chantajista Victoria, madre de Andrés (Víctor Cámara) y Carlos Javier Martan (Mariano Alvarez) en Inés Duarte, secretaria (1991). Otras apariciones en ese canal incluyeron papeles en Esa muchacha de ojos café (1986);  Inmensamente Tuya (1987); Amor de Abril (1988); Macarena (1992) y Peligrosa (1994). Su último trabajo fue en el unitario La Madre María de San José, donde encarnó a la malvada directora del hospital donde laboraba esta beata venezolana, interpretada por Amanda Gutiérrez.

Una actriz prometedora. Fuente: Grupo de Facebook
Televisión y Cine en Retrospectiva
.



Las caracterizaciones de Mercedes y Victoria, que tuvieron amplia aceptación en España, le hicieron regresar con honores a su patria a través de la pantalla chica. En entrevista para la revista ibérica de farándula Teleindiscreta, se autodefinió como una mujer optimista que creía, por encima de todo, en las instituciones democráticas. Una mujer para la que no había nada más importante que estar en paz y tener siempre un espíritu creativo: «Disfruto de las cosas sencillas de la vida. Pero hay algo que me molesta más que nada y es la gente poco agradecida, es algo que me requema el alma porque denota una ausencia total de virtudes. Además, el malagradecido es capaz de todo tipo de venganzas y rencores…». Por otro lado, se calificó como «muy mandona. También, a veces, muy impaciente. Me gustaría hacer las cosas ayer. No le doy a las cosas el tiempo que necesitan».

Confesó que le hacía falta España. Por eso cada vez que podía colaboraba con el Centro Gallego o el Hogar Canario: «Cuando estos organismos necesitan una persona para algún trabajo, yo enseguida me ofrezco, y es que sigo muy unida a todo lo español. Creo que hay dos cosas en la vida que te marcan para siempre, tu tierra y el amor. Y el amor es como el agua, no se puede vivir sin agua y mucho menos sin amor».

Agustina en los años 90. Fuente: revista Teleindiscreta.
A pesar de todos los años en el país, de su magnífica integración a la cultura venezolana, España siempre estuvo en su mente y en su corazón. A principios de los 90, pocos años antes de la enfermedad que la alejó del ojo público, confesaría durante una entrevista: «A mí España me emociona mucho. Soy el tipo de persona que veo un desfile y lloro. Veo un baile de flamenco o escucho una sevillana y me entran escalofríos por todo el cuerpo. Todas esas cosas recuerdan a una la infancia. Yo estudié en un colegio de monjas de la Milagrosa. Y todavía recuerdo a Sor Gregoria, con quien aprendí la tabla de multiplicar cantando. Sí, definitivamente España me hace falta. En una ocasión fui a Palencia y me senté en un bar de la calle Mayor. Por supuesto, nadie me conoció. Yo veía pasar a la gente y me acordaba del tipo de la farmacia, del frutero, del carnicero».

Sí, aún en Caracas, aspiraba regresar a Palencia, visitar a sus compañeros de radio «para ver, sobre todo, a Salvador —Salva, como le llamábamos— que quizá todavía sigue en los controles. Y también a quien ya entonces era un gran escritor,  Antonio Álamo Salazar. Fíjate la cantidad de años que han pasado y, sin embargo, me acuerdo de todos como si los hubiera visto ayer. ¿No es increíble?».

Encontrarse con sus hijos, ver a los nietos, volver a la Madre Patria, al hogar de la infancia…Sueños desvanecidos en segundos, tras un estruendo de cristales rotos y el terrible impacto contra el asfalto de la calle. Luego, el silencio.

Fuentes consultadas

ABC. Obituario de Agustina Martín. Martes, 31 de enero de 1996.

Aquilino José Mata. Entrevista a Oscar Yánez. El Nacional, 23/10/2008.

Ángel Ricardo Gómez. El arte se fugó de las cárceles. El Universal, 04/04/2013

Blanca González. Muere la actriz Agustina Martín al caer de un décimo piso. Panorama, 29/01/1996.

Blanca González. El último adiós para Agustina. Panorama, 31/01/1996, p. 3-10.

Edgar Moreno-Uribe. Ellas sobrevivirán. Blog El espectador venezolano, publicado el 11/06/2011,
disponible en http://elespectadorvenezolano.blogspot.com/2011/06/ellas-sobreviviran.html

Pablo Blanco. Los 80 años de Oscar Yánez. Revista Estampas, 22/04/2007.

Margarita Álamo (S/F). Agustina Martín: “No soporto a la gente malagradecida”. Revista Teleindiscreta.

Richard Mantilla Núñez. Una dama de la actuación llamada Agustina Martín. Blog Los entrañables. Más estrellas que en el cielo. Publicado el 18/12/2016, disponible en https://richmansite.wordpress.com/2016/12/18/una-dama-de-la-actuacion-llamada-agustina-martin/

domingo, 5 de febrero de 2017

Esther Orjuela, una partida a destiempo

Fuente: revista Venezuela Farándula
A principios de los 80, una joven aspirante a actriz comenzó a asomarse desde las pantallas televisivas en los hogares venezolanos. De abundante cabellera oscura y expresivos ojos, Esther Judith Orjuela Guillén había decidido en esa época seguir sus instintos y dedicarse a lo que había identificado como su verdadera vocación.

Nacida en Barquisimeto, estado Lara, el 24 de abril de 1955, Esther había iniciado sus estudios en Medicina; sin embargo, a los dos años de estar cursando esta carrera la abandonó y volcó su interés hacia el arte. En un principio, realizó varios talleres de pintura y escultura, incluso participó en exposiciones artesanales. El descubrimiento del teatro le permitió incursionar en lo que posteriormente, después de su familia, sería su pasión en la vida: la actuación.

Sus inicios en el teatro se restringieron a montajes cómicos e infantiles. En 1978 debutó formalmente en la pantalla chica a través de Radio Caracas Televisión (RCTV), con un pequeño rol en un clásico de las telenovelas: La Fiera, con Doris Wells, José Bardina y Carlos Márquez. Su formación y estilo actoral lo fue desarrollando en este medio, con participaciones secundarias en producciones exitosas como La Heredera (1982), Ligia Elena (1982), La Bruja (1982) y Julia (1983), todas en Venevisión (VV).

Esther (Celia) y Mayra Alejandra en Marta y Javier. Captura de pantalla.
En Las Amazonas (1985) logró destacar por su interpretación como la abogada Esperanza Moreno y nuevas oportunidades se abrieron para ella, esta vez en  RCTV. Allí participó en Marta y Javier (1983), con el personaje de Celia; y en programas cómicos como Radio Rochela. La tan ansiada protagonización llegó con la miniserie Leonor (1989). “Esta es una experiencia maravillosa porque estoy haciendo comedia. Es el género que más me gusta, pues descanso entre tanto drama de la TV”, señaló en ese momento, según reseñó Iván Zambrano (El Nacional, 07/01/2017). Sin embargo, el espacio no resultó como se esperaba y tuvo una corta duración.

En 1985 regresó a VV, donde siempre en roles secundarios pero de carácter actuó en reconocidas telenovelas como El Sol sale para todos (1986), al igual que en varias producciones de Laura Visconti, transmitidas por ese canal, entre las que figuraron las series juveniles A Todo Corazón (1997), Mujercitas (1999) y Con toda el alma (2005), así como los dramáticos Felina (2001) y Lejana como el viento (2002).

Luego de un receso no buscado que dedicó a actividades personales y teatrales, fue llamada para nutrir el elenco de Natalia del Mar (2011), que significó para los televidentes el reencuentro con actrices y actores de dilatada trayectoria que habían sido relegados injustamente de las nuevas producciones. Entre ellos se encontraban Herminia Martínez, Rosita Vásquez, Romelia Agüero, Chumico Romero y Lucía Sanoja.


Entrada de la novela Natalia del Mar. Fuente: canal youtube Venenovelas

En 2012 participó en Mi ex me tiene ganas y al año siguiente regresó a la comedia en el espacio humorístico Cásate y verás, cuyo argumento central giraba en torno a las diferentes etapas de la vida en pareja presentada a través de cortas parodias y monólogos. Si bien reunía un grupo talentoso de comediantes y humoristas, encabezados por Wilmer Ramírez, Américo Navarro, la propia Esther, Romelia Agüero, Ariel Fedullo, Honorio Torrealba Jr., Amílcar Rivero, la Beba Rojas y Juan Manuel Montesinos, el énfasis en los cuerpos curvilíneos de modelos y los chistes gruesos no eran precisamente para el lucimiento interpretativo de tan ilustre elenco.


Sketch del espacio Cásate y verás, con una breve aparición de Esther. Fuente: canal youtube Venecomic

Su último trabajo en el medio televisivo, esta vez para la productora Laura Visconti, fue la nueva versión de A todo corazón, transmitida por Televen en 2015, la cual tuvo como nombre A puro corazón.

Aunque la mayor parte de su carrera la realizó en televisión, Esther tuvo la oportunidad de incursionar en el teatro, donde fue productora de varias obras, en las cuales también fungía como actriz y escritora. Su última participación la tuvo en la pieza Míster… a la orden, de Alberto Maneiro Restrepo, un vehículo para lucimiento físico de los participantes en concursos de belleza masculino y que incluía en el elenco a otra actriz casi olvidada, Rita de Gois.


Reseña de la obra teatral Míster...a la orden. Fuente: canal youtube La Movida TV

Elenco de lujo para una película no muy buena: Omaira Abinadé, Cristina
Reyes, Maribel Verdú, Esther Orjuela, Perla Vonasek, Doris Wells y Jairo
Carthy en Ana, Pasión de dos mundos. Fuente: blog de Jairo Carthy
En la pantalla grande intervino en roles secundarios en La Boda (1982), de Thaelman Urgelles, donde mostró un fugaz desnudo junto a Carlos Carrero;  Cangrejo II (1984), de Roman Chalbaud; Reinaldo Solar (1986), de Rodolfo Restifo; y Ana, pasión de dos mundos, también conocida en España como El Señor de los Llanos (1987), de Santiago San Miguel.  Su último trabajo fue en el film de Dorián Ortiz, Golpe duro (2016), aún por estrenar.

A pesar de contar con una vida tan centrada en la actuación, Esther fue madre amorosa de dos hijos a los que consideraba "lo más importante en la vida". Gustavo Andrés y Nicolás Camacho también son actores; este último debutó en Venevisión en 2012 en la novela “¡Válgame Dios!”. Su trabajo más reciente fue en Corazón Esmeralda (2016).

Esther Orjuela en su bella madurez.
A principios del año pasado, a Esther le fue detectado un tumor en vías digestivas. Por más de cuatro meses debió recibir tratamientos para combatir el mal. En septiembre, su organismo colapsó y desde el 8 de ese mes la actriz fue recluida en el Hospital Dr. Domingo Luciani, en Caracas, tras presentar problemas de respiración, fiebre y valores bajos, según informara el periodista Jhosman López Ortiz para el portal Primicia.com.

En esa oportunidad Gustavo Andrés Camacho explicó: “Mi mamá terminó hace un mes y medio su última sesión de quimioterapia y radiofrecuencia para batallar contra el tumor que se le diagnosticó entre febrero y marzo. Gracias a Dios el tumor desapareció. Lo que vivió hace días fue la recaída de todo ese fuerte tratamiento al que fue sometida”.

A finales de diciembre, artistas y profesionales ligados a los medios se hicieron eco de la campaña para buscar donantes de sangre requeridos por la actriz, quien durante los últimos días de 2016 y principios de 2017 agravó su condición médica. En la madrugada del viernes 6 de enero, en el Hospital Domingo Luciani de El Llanito, falleció a los 61 años de edad.

Afiche revista Venezuela Gráfica No. 378, año 1983
La noticia fue recogida por innumerables portales informativos y mensajes de pesar se multiplicaron a través de las redes sociales. Ella, quien siempre resultó una intérprete eficaz en los roles que le asignaban, también se había distinguido por hacerse del respeto y cariño tanto de sus compañeros de trabajo como de aquellos que crecieron viéndola a través de las pantallas de televisión.

Las notas necrológicas la presentaron en su etapa adulta, pero se olvidaron de destacar que ella, como la gran mayoría de las aspirantes a estrella en los años 80, proyectaron una imagen sensual a través de medios impresos especializados, tales como Venezuela Gráfica, Venezuela Farándula y Ronda. En esas fotografías Esther descollaba con una naturalidad y carisma sexual que fue poco aprovechado en las producciones dramáticas donde intervino. Yo, que me confieso uno de sus fans desde mi adolescencia, siempre lamenté que esa sensualidad tropical no se proyectase en personajes más decididos y hasta agresivos con el sexo opuesto. Por el contrario, la generalidad de sus caracterizaciones se inclinaron hacia una Esther casi melosa que devino en ese rol maternal de su etapa madura.

Fuente: revista Venezuela Farándula
Fuente: revista Venezuela Gráfica




















Personajes como el de la madre de Mujercitas se repetiría en otras producciones, ya no de época, en las que encarnaba a profesoras o profesionales que impartían consejos y aportaban fortaleza a quienes la rodeaban.


Promoción de la novela Mujercitas. Fuente: canal youtube Telearagua

Su aspecto dulce y su naturalidad encajaban tanto para la comedia como para el drama, así que vista su trayectoria de casi cuatro décadas, no es atrevido afirmar que ella procuró desarrollar su carrera bajo la premisa de aprovechar todas las oportunidades posibles con aplomo y seriedad interpretativa, independientemente del rol que le fuera asignado.

Una hermosa morena y una excelente actriz . Fuente: El Universal
Para una entrevista realizada en 1991 y que rememoró Iván Zambrano Gil (El Nacional, 07/01/2017), Esther aseguró que las claves para ser un buen actor eran “disciplina, constancia y mucho estudio. No es solo salir a mostrar la cara; es llegar y mantenerse. En una etapa hay que demostrar lo que has hecho y por qué has llegado hasta allí”. Y ella lo supo hacer.

No obstante, hay una característica en la que coincidieron sus amigos y compañeros de labor artística. Su trato era lo más parecido a una de las tantas madres que personificó en las telenovelas venezolanas: amable, serena, complaciente y, sobre todo, siempre dispuesta a brindar consejo a quien se lo pidiera.

Desirée Rolando, Esther Boruzko y Esther Orjuela junto a
Germán Freites en una comedia teatral. Fuente: El Universal
Esa percepción de algunos artistas fue recogida por el periodista Iván Zambrano (El Nacional, 07/01/2017) en ocasión de su obituario. La actriz Julie Restifo, quien la conoció durante la filmación de Golpe Duro, notó esa cualidad: “Me di cuenta que la entrega y el compromiso de Esther Orjuela con su profesión eran totales, pero su principal motor era el amor por sus hijos y su familia". Algo con lo que coincidió Carmen Julia Álvarez, compañera y amiga desde los tiempos de RCTV en los 80: "Creo que no puedo recordar ni un solo momento en el que no estuvo pendiente de su familia, una atención que creció y se fortaleció aún más cuando tuvo a sus hijos. Esther siempre dio el ejemplo de lo que es ser un buen profesional. Tenía un gran talento para la actuación. Y lo mejor es que todo lo hacía de manera tranquila y pacífica. Su carisma nos llevó a ser muy unidas. Por eso le agradezco a Dios que todos en mi casa hayan tenido la oportunidad de haber trabajado con ella", agregó refiriéndose a sus hijos Daniela y Carlos Daniel Alvarado.

Esther Orjuela y Perla Vonasek, junto a Jairo Carthy, en un
fotograma de Ana, Pasión de dos mundos. Fuente: blog de
Jairo Carthy.
La actriz Cristina Reyes, actualmente residenciada en España y con quien compartió en la película El señor de los llanos, la evoca por su buen trato, humildad y entusiasmo, cuando la consultamos a través del correo electrónico: “Era una compañera y actriz como pocas, cariñosa y responsable. No recuerdo una subida de tono, una llegada  tarde...en fin, era diferente. Nunca alardeó de gran actriz. Como mujer, era emprendedora. Recuerdo cuando empezó con su negocio de zapatos. Se fue pronto...Que Dios la guíe en la luz”.

Para el primer actor, director, productor y empresario teatral Jorge Palacios era una mujer "muy bella, pero también muy diligente y eficaz".  Con ella coincidió en el elenco de la telenovela Felina y diez años después en Natalia del mar, donde percibió que "impulsada por su compromiso y su seguridad en sí misma, logró hacer un trabajo impecable hasta convertirse en el ejemplo de muchos actores. Su partida es una gran tragedia".

Tal vez el resumen de quien fuera esta apreciada intérprete lo señaló José Simón Escalona, vicepresidente de producción de RCTV. Él, que la conoció desde sus inicios en la pequeña pantalla, aseguró: “No solo era una muy buena actriz, sino una gran compañera. Entre nosotros siempre hubo mucho aprecio y respeto”. Y como afirmó Palacios: “Por encima de todo, ella era una verdadera dama”.